Mar Adentro reveló a Belén Rueda (Madrid, 1965) como una actriz inmensa que nos hizo olvidar a la chica de la tele; la de Periodistas o Los Serrano. Ahora, tras su debut teatral con Closer, deslumbra con El Orfanato, una historia fantasmagórica que tiene en su rostro los mejores efectos especiales.
Ovacionado en Cannes, el magistral debut de J. A. Bayona (Barcelona, 1975), que ha sido producido y apadrinado por Guillermo del Toro, se perfila como la gran película española del año:posee esa rara magia que encandilará a crítica y público. Laura, una mujer que se muda al orfanato en el que se crió, experimenta un viaje sin retorno al infierno de la locura cuando desaparece su hijo. En una spielbergniana secuencia, Belén se convierte en una Wendy que lee cuentos a los niños perdidos. Una imagen elocuente que refleja la esencia de esta mujer; frágil, luminosa, vivida, pero con el entusiasmo de la que empieza.
Las actrices de 40 se quejan de que no curran. Y tú ganas el Goya revelación [en 2005, por Mar Adentro] a esa edad. Paradójico, ¿no?
Me hizo gracia… ¡con 40! Es un momento de la vida muy enriquecedor. Cuando me preguntan si me gustaría volver a los 20, digo, “sí, ¡pero con la experiencia de los 40!” (risas). Además, están desapareciendo tabúes: una mujer puede estar con alguien más joven. Y por eso, poco a poco, hay más personajes para nosotras.
Y te conviertes en musa de una generación de jóvenes directores.
Me gusta trabajar con todo el que tiene algo que contar y que interese al mayor número de gente. El Orfanato, por ejemplo, cuenta cómo alguien se enfrenta a una pérdida, que es una emoción universal. Hay un libro maravilloso, Pérdidas necesarias [de Judith Vyost, Ed. Emece], que habla sobre lo que nos van quitando desde bebés: el chupete, el pecho… Y todo tiene el mismo proceso: el reconocimiento, la pérdida, el duelo y la aceptación.
De hecho, viviste una experiencia similar a la de Laura, ya que también perdiste una hija. ¿Fue doloroso interpretarla?
Vivimos en una sociedad en la que la muerte es un tabú. Y no hay cosa más segura que todos moriremos. Cuando la has tenido muy cerca, le das la vuelta porque si no el dolor no te deja vivir. Esto es aplicable a la película. Te enseña muchísimas cosas que puedes sacar para que no se enquisten.
¿Cómo fue el rodaje?
Había que crear un ambiente de miedo y te aseguro que todos participábamos, porque ¡me han hecho pasar un miedo tremendo! (risas)
¿Y trabajar con Bayona?
Antes del largo había dirigido dos cortos con niños. En El hombre esponja vi expresiones infantiles poco habituales, ya que trabajar con ellos es muy difícil. Lo tiene muy claro y está muy seguro.
¿Crees en los fantasmas?
Cuando pierdes a alguien muy querido te gustaría que te dijeran qué hay al otro lado. Lo de creer, depende de la situación emocional que estés viviendo. Hay gente que cree en Dios o en la reencarnación, aunque pienso que es una necesidad humana para sobrellevar cosas que no tienen explicación o no son justas.
La película, más que una de terror sobrenatural, es un drama psicológico.
Sí. Ella quiere llegar a un sitio y va a pasar por encima de lo que sea, incluso por cosas intangibles, con lo cual raya la locura.
¿Dónde está la fina línea que separa la locura de la cordura?
Es otra cosa que he aprendido. Hablé con personas que han estado ingresadas y hay momentos en los que sentían que estaban más felices en ese mundo de locura.
Y tú, ¿tienes los pies en la tierra o te inventas un mundo propio?
No es incompatible, pero hay que tener cuidado, porque como te metas en ese mundo fantástico… Cuando tienes hijos debes tener los pies en la tierra para darles una seguridad.
El orfanato tendrá una masiva distribución en EEUU. ¿Te veremos en Hollywood?
Lo de irte no te lo planteas. Llega un proyecto del que te enamoras y es cuando te vas.
El 5 de octubre estrenas Savage Grace, junto a Julianne Moore y Elena Anaya. ¿Qué nos puedes contar?
Es de un director indie, Tom Kalin, y se rodó en Barcelona. Es la historia real, de 1958 al 74, de una familia americana. Y parece europea. Tendrá problemas para estrenarla allí porque trata temas fuertes y valientes.
¿Cuál es tu papel?
Soy la mujer de un escritor. Esta familia, con residencias por todo el mundo, se movía entre intelectuales y tenían unos amigos españoles en la Costa Brava.
¿Y qué tal con Julianne Moore?
Muy bien. Me sorprendió que es muy cercana, pero cuando dicen ¡acción!, se transforma.
Hace poco debutaste en el teatro con Closer. ¿Repetirás?
Me encantaría. Es un medio diferente y, al estar en vivo, una experiencia maravillosa. Creces al mismo tiempo que tu personaje. Y cuando terminas, si no estás contenta, al día siguiente puedes mejorarlo.
¿Proyectos futuros?
Un thriller sobrenatural en el mundo de la medicina, que produce Amenábar y dirige Oskar Santos [autor del corto El Soñador] con un guión maravilloso de Daniel Sánchez Arévalo.
¿Y algún sueño?
Que me sigan llegando proyectos interesantes y pueda hacerlos. No sé qué pasa, que cuando más trabajas más tienes. Y viceversa.