“Hay que ser absolutamente moderno”, decía Rimbaud, y Calixto Bieito lo es. Director escénico -prolífico y ecléctico-, combina producciones personales que giran por medio mundo –Festival de Edimburgo, BAM de Nueva York y Festival de Salzburg- con la dirección artística del Teatro Romea de Barcelona. Su nueva producción, Los Persas. Réquiem por un Soldado -basada en la tragedia clásica de Esquilo-, es una honesta y valiente puesta en escena sobre la tiranía de la guerra, las indecentes muertes que provoca y la violencia atávica del ser humano. Un réquiem antibelicista en clave de rock combativo. Una fulminante puesta en escena que nos traslada de la Grecia del siglo V a.C. a Afganistán. Aparte de su nueva producción, también hemos hablado sobre artistas, niños y piratas.
En Los Persas tocas temas sagrados como la patria y el ejército ¿te han censurado por ello?
No, no hay nada que criticar. Se trata de un réquiem por los soldados españoles muertos en Afganistán, con nombres y apellidos, porque duelen más. Y eso es lo más importante de la obra, no si aparece el ejército o banderas españolas.
La prensa dijo que en Mérida hubo gente que se fue indignada...
Si de un público de 2.000 personas se van 20, no es significativo. Pero si priorizas a esos 20, pues tienes una noticia. Es una manera de hacer periodismo. No la juzgo, pero me gusta otro tipo de periodismo.
¿Por qué Los Persas de Esquilo?
Me pidieron una propuesta en Mérida y pensé en esta obra, porque de todas las tragedias griegas es la que más me gusta. Es un texto muy extraño que no habla de dioses, sino de hombres. Y se presta a hacer una lectura contemporánea, por eso la escribí de nuevo.
¿Qué hay de fondo en esta obra?
Quería hablar de las tropas españolas en Afganistán porque no creo que España tenga que ser un país militarista -fue objetor de conciencia-. Pero esto es una excusa que me permite reflexionar sobre temas más profundos como la violencia, la degeneración del hombre en la guerra donde la violencia se convierte en algo normal. Para ello realicé una búsqueda exhaustiva de información y encontré un material fantástico para trabajar, pero manteniendo los mismos tópicos de la obra original. Desde cartas que Freud y Einstein se escribieron durante la II Guerra Mundial a textos de soldados que explican cómo su personalidad se va corrompiendo al participar en una guerra.
¿Por qué has trasladado la trama original -una guerra entre los persas y los griegos- a Afganistán?
Lo adapté a nuestro contexto actual, porque se trata de una guerra en la que estamos metidos junto con media Europa. Y en la que hay un goteo continuo de soldados muertos por una guerra que irónicamente llaman “justa”. Un trasfondo importante de víctimas que provocan dolor a mucha gente. De hecho eso es lo que más me interesa, la idea sobre lo atávico de la violencia y de la guerra muy presente en los hombres, en contraposición a los sentimientos más privados, más personal del dolor y del no saber por qué alguien muere.
¿La guerra es justa? ¿Los muertos son daños colaterales?
Sobre la Guerra, un libro fantástico del Howard Sim, dice que las guerras son intereses económicos, pactos entre países y mentiras, pero nunca justas. Vivimos en el momento con mayor posibilidades informativas y, contradictoriamente, es cuando más manipulación existe.
En vez de un coro griego haces un concierto...
Quería hacer un concierto que combinara canciones, monólogos y pequeños diálogos pero hechos por los soldados muertos. Un réquiem por ellos y el dolor que provoca su muerte.
Es un réquiem en clave de rock combativo con temas de Janis Joplin y Pink Floyd...
La música es fundamental en mi vida. Elegí el rock porque a los soldados les iba bien, pero también he incluido música experimental contemporánea con un chelo electrónico. El rock era un buen recurso para darle un toque de concierto antibelicista y contrastarlo con los diálogos bélicos de los mismos soldados.