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Imágen de el abogado del terror (cort. de magnolia pictures)

JACQUES VERGÈS

Entrevista

El abogado del diablo

En el pasado festival de Cannes, Barbet Schroeder presentó un documental sobre el que ha sido el tour-de-force de la justicia internacional y adalid de los movimientos anticolonialistas desde la revolución de Argelia. El abogado del terror es un repaso a la carrera del letrado Jacques Vergès y una elucidación personal del director belga donde se carean la terrorista alemana Magdalena Kopp, Carlos el Chacal o el nazísimo Klaus Barbie. Tan personal que alguna de las insinuaciones que se vierten no se entienden sino como meros recursos dramáticos. Golpes de efecto que en la vida de Vergès aparecen de forma muy natural. Sin necesidad de una banda sonora ad hoc, las aventuras de este abogado de origen tailandés, colega de Pol Pot y ex miembro del partido comunista francés, parecen escritas por la mano impredecible de John le Carré. Su primer pleito importante, con el que se implicaría en la causa argelina, fue el instruido a Djamila Bouhired, condenada a muerte por la corte francesa en 1957. La campaña mediática pergeñada para su defensa surtió tal efecto sobre la opinión pública que Vergès no sólo consiguió salvar su vida; también se ganó su mano.

Ante la previsible y eventual presión mediática de los sumarios de gran envergadura, la justicia, como una titánide corrompida, amaga error y exagera. La figura del abogado defensor es fundamental y tiene como objeto evitar los desequilibrios y garantizar los principios procesales del acusado, lances en los que Vergès es un experto malabar. Su lista (negra) de indefendibles abarca el abanico ideológico casi al completo y revela a un hombre guiado por la probidad de sus propias convicciones; un personaje enigmático al que persiguen algunos fantasmas del pasado.
 
Cuando Schroeder le pregunta si defendería a Hitler, la réplica es contundente: «Defendería al mismísimo Bush, siempre y cuando se declarara culpable». El abogado del terror desató en Francia una expectación celosa sobre alguno de los implicados de la trama y en torno al propio Vergès. Su sospechosa desaparición durante varios años volvió al ruedo mediático y pronto surgieron las primeras secuelas documentales, como la que dirige Kevin Macdonald, Mi mejor enemigo, sobre los pormenores del célebre caso Barbie.
 
Rápido, ingenioso y perspicaz, o sin demasiado tiempo para contestar, Jacques Vergès se sienta en el estrado para El Duende y aborda cada una de las preguntas con afanes de jaque mate:
 
Muchos lo conocen como el abogado del diablo. ¿Cree usted en el infierno?
 
Sí. El infierno existe, y está en la tierra. 

¿Es la justicia ciega o sólo miope?
 
Ni ciega, ni miope. La justicia, como institución, no tiene ojos.
 
¿Existe actualmente alguien indefendible?
 
No. Todo el mundo merece ser defendido.

¿Fueron sus clientes víctimas del victimismo?
 
Sin duda alguna. La presencia invasora de la víctima en un proceso hace olvidar al acusado. Los grandes novelistas no cometen este error. Dostoïevski se interesa por Raskolnikov, no por la usurera.

Si pudiera organizar una cena e invitar a todas las personas que ha defendido a lo largo de su carrera, ¿cuánto tardarían en apretar el gatillo?

Todo hombre, a menos que no tenga manos, es capaz de apretar el gatillo en algún momento de su vida.

Fuera de los tribunales, ¿cuál ha sido su mayor derrota?

Jamás conocí la derrota, pues la derrota genera ceguera y yo me considero un hombre lúcido.

¿Político frustrado o militante reafirmado?


Ni lo uno ni lo otro. Sí un artista con convicciones.

¿Exige compunción a sus clientes?

No. Odio el arrepentimiento. 

¿Es Bush un fundamentalista cristiano?

Bush no es nada.

En un mundo tan contradictorio, ¿es la moralidad un artificio?

La moralidad es una impostura si no integra el honor.

En el nuevo orden mundial, ¿es requisito la despreocupación por las injusticias?

Sí. La injusticia es su fundamento.

Ha demostrado que se maneja mejor ante la adversidad. ¿Personaje mediático o simple ilusionista?

Ni personaje mediático, incluso si los medios se interesan por mí, ni ilusionista. Yo soy el que soy.

¿Qué le parece Barbet Schroeder como director?

Sería mejor si se preocupara menos del qué dirán.

¿Cuánto hay de excéntrico en un personaje que se interpreta a sí mismo?

Eso depende del personaje. La excentricidad es el recurso de los acomplejados. 

¿Es de los que busca la notoriedad o ha sido la notoriedad la que ha dado con usted?

Es la notoriedad la que me busca. He sido capaz de vivir 10 años en secreto.

Hay huidas en las que no hay otra intención que la de ser alcanzado. ¿Fueron sus años de ausencia una consagración?

Nunca traté de ser encontrado.

¿Goza de buena conciencia?

Sí.

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Por BENJAMÍN GARCÍA-ROSADO.
Foto:
Revista 84 (15/04/2008 a 15/05/2008)


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