Tras darse a conocer popularmente en Aquí no hay quien viva, y tras su primer protagonista en el cine, Malena Alterio vuelve al teatro, nada menos que con TÍo Vania, en el maría guerrero. El montaje, en el que demuestra una vez más su seductora naturalidad, junto a Francesc Orellá y Emma Suárez, está dirigido por Carles Alfaro.
Más de cinco años sin hacer teatro... ¿Qué se siente al volver después de obtener tanto éxito en un formato tan diferente?
Después de cuatro años en la tele y, con las alegrías que me reportó, tenía la necesidad de hacer teatro, pero no me habían ofrecido nada que me gustara. Tras cinco años me sentía insegura y con dudas, pero es como montar en bici, no se olvida.
Vuelves con un clásico de Chéjov, nada menos. Como dice Juan Mayorga de Shakespeare, ¿es como entrar en un templo?
Es una obra tan grande, conocida y tan estudiada que es muy difícil cumplir las expectativas. Al principio es como un templo en el que entras casi de puntillas y con un respeto tremendo, tratando de no hacer ruido, de no molestar, ni modificar nada. Pero cuando te pones a trabajar, te das cuenta que son autores tan grandes porque son muy actuales y cercanos.
Interpretas a un personaje sin salida… ¿Con qué te quedas de Sonia?
Sobre todo con su fortaleza. Se ha criado sola, ha levantado una hacienda pero no ha conocido el amor y cuando llega se siente insegura. Su bondad y generosidad me fascinan. Su final es más esperanzador y luminoso que el de su tío, que no tiene salida.
Chéjov puede asustar. ¿Qué le dirías a un joven para que vea la obra?
Que no se asuste, son autores muy actuales y seguro van a encontrar un punto de conexión porque es una obra de sentimientos y de seres humanos. La puesta en escena y el trabajo actoral está muy pendiente de que no se haga pesada y de que te toque, te llegue de alguna forma.
¿Con qué personas de tu profesión te gustaría tomar más de un café?
Me quedo embobada escuchando hablar a los actores mayores, que son una joya y los admiro profundamente. En estos momentos destacaría a mis compañeros. Con ellos me tomaría 500 cafés, porque son un pozo de sabiduría y no me canso de escucharles.
Érase una vez… la mujer. ¿Hay igualdad en el arte entre hombres y mujeres?
Las mujeres en muchos aspectos siguen en inferioridad, pero en cuanto a su capacidad creativa, es indiscutible que estamos a la par. La creación brota independientemente de que seas hombre o mujer.
¿Qué cualidad de su sexo nunca debería perder una mujer?
Somos humanos y cada uno es único. Estas generalidades son peligrosas, pero destaco la sensibilidad y la capacidad de esfuerzo de la mujer. La mujer escucha y razona más, es más compleja, tiene más narices.
¿Qué mujer artista es una referencia para ti?
Vicky Peña. La admiro por su trabajo y por su manera de ser. En el teatro me deja con la boca abierta. Me parece muy inteligente.
¿De qué pasta está hecho el actor argentino?
Tienen un estilo, una manera de encarar el trabajo, de indagar y de experimentar. En Argentina hay una cantidad increíble de teatros. Al público argentino le encanta, es como una cita obligada. Como en Francia, hay una cultura arraigada y una gran pasión. Existe una gran escasez de medios lo que hace que el actor argentino esté en constante búsqueda y esto tiene mucho mérito con lo duro que es allí. Aquí estamos más estables y tenemos un sueldo. Creo que por esto los actores argentinos son especiales, porque viven el teatro con una pasión desbordante.
En España los protagonistas van a parar a mujeres con un prototipo estandarizado de belleza. Parece que no hay papeles para actrices como Meryl Streep, Betty Davis…He tenido la suerte de protagonizar una película junto con Esperanza Pedreño, dirigida por Ángeles González-Sinde. Lo que dices es verdad que ocurre, en el cine sobre todo. Se hace mucho cine donde lo fácil es un rostro bello, pero hay otro, que me interesa más, con historias donde se ve a las personas como las vemos en la calle. Una actriz de gran belleza, hoy tiene más oportunidades.
¿Qué puerta ha cerrado Malena en la profesión?
Ninguna. Me siento muy afortunada, porque he ido muy poquito a poco y todo me ha aportado y servido, como una mochila que se va llenando. No ha habido nada que me haya hecho pensar “nunca más”.
¿Quién es el gran Don Juan del cine español?
Mi hermano Ernesto es un Don Juan. Siempre barriendo para casa (risas). No es nada divo, pero sí que tiene una gran seducción y no específicamente con las mujeres, sino en general. En su trabajo es muy seductor, tiene magia.
Estudiaste con Cristina Rota. ¿Qué recuerdos tienes? Fue muy divertido y una etapa donde conocí gente maravillosa, que continúan siendo mis amigos. Fue excitante, las primeras veces que te enfrentas al público, es un subidón y un maremagnum de sentimientos, de alegrías, de odios. Una etapa muy intensa y divertida.
El musical es un género prohibido para muchos actores…
Aunque en la ducha canto muy bien, nunca lo he hecho en público. De chica cuando estrenaron el musical Annie, tenía loca a mi madre porque fui a verlo cinco veces. Coincidió que en un viaje a Buenos Aires abrían un casting para Annie y hubo una tentativa de presentarme. La verdad es que me encanta cantar.
Tio Vania · Teatro María Guerrero · Hasta el 23 de marzo