Fueron los paladines de los sonidos relajados hace dos lustros. Después del abandono de su vocalista de toda la vida, Morcheeba han continuado buscando la fórmula para no palidecer ante la masificación de la música pop contemplativa. Los hermanos Godfrey, el alma máter del proyecto, están más seguros que nunca y Dive Deep, un personal alegato ecológico, es la mejor muestra de ello.
La preservación del fondo marino está de moda. Ya sabemos que la ecología no deja de ser un arma mediática más, y cada año, el tema ecológico estrella cambia. Hoy, le toca al fondo marino, mañana, vaya usted a saber el qué. Morcheeba se han sumado a la moda de marras, titulando su sexto disco Dive deep, un alegato en forma de sonidos contemplativos y plácidos, tal como uno se imagina las profundidades de los mares del sur.
“No estamos destruyendo al planeta, nos estamos destruyendo a nosotros mismos”, asegura con mucha lucidez Ross Godfrey.
Una parte importante de los beneficios de este disco van a ir a parar a una fundación para la preservación del fondo marino, porque “es necesario, y es una actitud muy arrogante cargarse el planeta, cuando en realidad nos estamos destruyendo nosotros”.
Morcheeba nacieron en plena explosión del llamado trip-hop, el pop con una fuerte carga ensoñadora y planeadora, el hip hop de baja intensidad; la música acuñada en las barriadas de Bristol por Massive Attack y llevada a las listas de éxitos por el grupo que nos ocupa. Morcheeba, formado por los hermanos Godfrey y la vocalista Skye Edwards, supo picar de lo mejor de ambos mundos, lo alternativo y lo escoradamente comercial; la fórmula funcionó, y lo sigue haciendo. Aunque, “no creo que hayamos cambiado ni evolucionado, simplemente somos mejores ahora”, dice Ross, en un alarde de recursos, pero la lógica dice que evolucionar es lo mismo que mejorar, y, por la cuenta que les trae, Morcheeba lo han hecho.
Dive Deep es un capítulo distinto, como un anexo en la historia principal. Y es que parece mentira cómo se puede llegar a dar un salto cualitativo tan mayúsculo en un momento en que las fórmulas preestablecidas del trip-hop son material tan caduco, que más vale pasar de largo. Quizá, la inteligencia es el único recurso con el que cuentan grupos como el de nuestros protagonistas; el arma adecuada para evitar el tedio. “Es que es muy complicado seguir sonando frescos si eres estúpido”, asegura, pero el amigo Ross olvida la espiral redundante que les absorbió durante años. “No pienso que nos hayamos repetido, siempre hemos intentando combinar todo los que nos gusta; y ahora hemos hecho lo mismo”. Sí, es cierto, la nueva entrega sigue en la misma onda que antaño, pero suena fresca, aditiva, bien planteada.
Morcheeba sacaron punta a ese pop relajado para publicitarios enrollados que vestían Airwalks en los 90, y se creían el colmo del coolness, para esa troupé de supuestos influyentes sociales que entendían el punk como una fiesta de disfraces trasnochada y la moda que venía como una sarta de tópicos sobre la cultura de la calle. En esta tesitura se produjo el éxito de Morcheeba. “No tengo la sensación de haber pertenecido a ésa tribu social. No tenemos la culpa de que la prensa nos incluyera en algo que no tenemos nada que ver”. Los Godfrey, es cierto, están más cercanos de la cultura de la calle menos enrollada, la que pasa de todo y de todos. “A nosotros nos da igual que se nos haya colocado allí, hacemos la música que nos da la gana -dice-. Tomamos muchas setas mágicas y fumamos mucho, ayuda a ser más creativo. Así que lo que hacemos es dejar que nuestra mente vuele, planee. No estamos interesados en ser celebridades. No nos interesa vender porque estamos seguros de que si hacemos buena música, a la gente le gustará”. Pero han vendido, y mucho, y ahora son uno de los grupos más importantes de lo que queda del trip-hop. Dive deep refuerza su popularidad ahuyentando lo previsible a base de folk, canciones hechas para estar estirado, y música para viajar. “Hace muchos años que probamos mezclar el folk con otros estilos. De hecho, creo que fuimos los primeros, allá por el 97, cuando sólo sonaba electrónica”. “Es cuestión de satisfacer la creatividad. Ya no estamos en la misma película que antes, somos personajes distintos, que viven otro viaje musical”. El viaje ahora se dirige hacia el interior del mar; sin rumbo fijo pero sí con las ideas muy claras: “Ésas son las de siempre, mezclar acústica y programación y contar con grandes vocalistas”.
La espantada de Skye Edwards, la voz y la cara del grupo durante años, provocó un pequeño cisma y presagió un declive irremediable. La “gran vocalista” dejó huérfano a un grupo que vivía de la profundidad vocal de Edwards, y en la anterior entrega, el declive se acentuó. Por suerte, han reclutado a una ristra de nuevas voces, blancas y negras, que han hecho olvidar para siempre a la anterior. “Skye quería cantar sus canciones y lo entendimos perfectamente. La prensa quiso destruir al grupo después de su marcha, pero no lo consiguió”, dice. “Hemos continuado sin mayor problema, nuestro viaje musical es largo y ahora contamos con muchas voces distintas que han aportado nuevas ideas”.
Morcheeba · 24 de mayo · SalaHeineken