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Dos rivales casi iguales de Miguel Ángel Calvo el 25 de mayo.

24 Gemelos por segundo

Estrenos de cine

El fin de la inocencia y Dos rivales casi iguales

Los astros, esos entes juguetones que manejan (según muchos) los hilos de nuestra existencia, hacen de las suyas y este mes, en el que Cástor y Pólux reinan el Zodiaco, se alían con los distribuidores de cine.

El resultado es la coincidencia en nuestra cartelera de dos interesantes estrenos que tienen en los gemelos su razón de ser. ¿Casualidad?

El fin de la inocencia (de Michael Cuesta) o la muerte del gemelo. Y Dos rivales casi iguales (de Miguel Ángel Calvo) o el gemelo como enemigo. Pasen, vean e intenten encontrar la diferencia.

Regla nº 1. Un cigoto que se divide en dos da lugar a gemelos: dos personas físicamente idénticas que comparten carga genética.
Regla nº 2. Una película con gemelos da lugar (fantasías pornófilas aparte) a una comedia: situaciones más o menos graciosas basada en el juego de equívocos. Nada de explorar el drama psicológico de la multiplicación del “yo” como prototipo: la convivencia (o no) con el clon.

Gemelos es sinónimo de comedia. Vaya par de gemelos o la oferta 2x1 de Paco Martínez Soria y Lina Morgan. Ejemplos hay muchos. Pili y Mili fueron las reinas durante el Desarrollismo. Vestidas y alborotadas (1968) o Como dos gotas de agua (1964).  Lo mismo da que da lo mismo. Sus homólogas trasatlánticas han mutado en una legión de clones rubios que tienen: un título fundacional (Tú a Boston y yo a California, 1961), su secuela (Tú a Londres y yo a California, 1998) y una franquicia multiusos (las hermanas Mary-Kate y Ashley Olsen).

En el reverso de estos simulacros de complicidad habita una rivalidad: el cuerpo que une las dos caras de la misma moneda. Miguel Ángel Calvo lo usa como coartada política en su ópera prima: Dos rivales casi iguales. Jaime e Ignacio (o el desdoblamiento de Adoni Gracia) son gemelos. Como dos gotas de agua. Salvo una excepción: uno es presidenciable por el PP (Partido Progresista), y otro por el PC (Partido Conservador). La rivalidad familiar está servida. Aunque las ideologías no importan. El mismo perro con distinto collar. Un juego de imposturas que no evita un clásico: el intercambio de roles como metáfora. Y varios precedentes: los polacos Kaczynski o los gallegos José Manuel y Luís Cendán. Lástima que su brillante idea de partida se convierta en un costumbrista grand-guignol desastroso desde el punto de vista técnico y narrativo.

Con la pérdida de su gemelo el individuo pierde una parte de su identidad. O toda. De eso nos habla Michael Cuesta en El fin de la inocencia. Al igual que en su debut, la libérrima L.I.E, viajamos a esa “suburbio” norteamericana tan reconocible. Allí maduran tres preadolescentes marcados por la soledad y el deseo de ruptura con unos padres nada ejemplares. Jacob (Conor Donovan) pierde a su hermano gemelo e inicia una cruzada contra sus verdugos. La venganza del gemelo. Y la muerte como el principio del fin de la inocencia. Cuesta, alumno aventajado de Larry Clark y Todd Solondz, sortea con habilidad los corsés del indie yanqui y retrata a sus criaturas con inteligencia y sensibilidad. I

“El fin de la inocencia” de Michael Cuesta se estrena el 18 de mayo.

“Dos rivales casi iguales” (EN LA FOTO) de Miguel Ángel Calvo el 25 de mayo.


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Por David bernal
Foto:
Revista 74 (15/05/2007 a 15/06/2007)


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