
Con el agua hasta el cuello
Cuando uno ha empezado innovando en su disciplina artÃstica, ha roto moldes y abierto nuevas vÃas al lenguaje, solo le queda seguir innovando cada vez más, volver al clasicismo o desaparecer. Algo asà les ocurrió a los que se subieron al carro del movimiento Dogma 95 de Lars Von Trier, autor que ha continuado su ascendiente camino de provocación y rupturas. El danés Thomas Vinterberg, autor de la célebre Celebración, está sin embargo en el segundo caso. Prueba de ello es su sexta pelÃcula, Submarino, basada en la novela homónima del joven autor danés Jonas T. Bengtsson. El cineasta ha optado por un relato de cariz clásico a la hora de hacer el descarnado retrato de dos hermanos, uno ex convicto y otro heroinómano, que son incapaces de sobreponerse a una tragedia que les marcó de niños. Estructurado como un dÃptico que cobra sentido (y cierra su esperanzador discurso) en su prólogo y epÃlogo, el filme tiene su mayor mérito en un logrado tono en clave de realismo sucio que esconde un complejo y sabio ejercicio de puesta en escena. Vinterberg acierta al mostrar la miseria moral y material de la cara menos agradable de la Europa del bienestar a partir de pequeños detalles y gestos que esconden una sutil belleza. Aunque el conjunto no aporte nada nuevo ni a su filmografÃa ni a la de su generación ni al cine contemporáneo.
Texto: David Bernal
SUBMARINO (Submarino) de Thomas Vinterberg. Con: Jakob Cedergren, Peter Plaugborg, Patricia Schumann. Drama. Estreno: 3 de septiembre.
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