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La clave de su humor es el no humor. No hay hipérbole en sus sketches. Rober Bodegas (A Coruña, 1982) y Alberto Casado (Madrid, 1983) han inventado un formato audiovisual 'fast food' que consiste en retratar el patetismo local sin fuegos de artificio. Bienvenido a todos tus lugares comunes. 

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Familia Modlin

Malditos Modlin
Azaroso azar

Hace nueve años el fotógrafo Paco Gómez encontró en una basura de la calle Pez el legado de una extraña familia. Tres años después el brasileño Sergio Oksman armó un puzzle con su vida y lo convirtió en un corto multipremiado llamado A Story for the Modlins. El trabajo de ambos ha sido recompensado con un Goya al mejor corto documental. 

La semilla del diablo en “flashforward”. Con Polanski a toda velocidad arranca el corto de Sergio Oksman A Story for the Modlins: los créditos rosas, la mudanza, un actor fracasado, un guante que desaparece, el deseado embarazo de la joven pareja, los batidos proteínicos de su estrambótica vecina, el corte de pelo, el constante dolor en el vientre, la locura, el hijo desaparecido, y voilà, la puerta secreta y un grupo de satanistas celebrando la cuna negra del bebé de Rosemary. Y entre ellos (fin del “flashforward”), un extra desconocido. ¿Quién es? Lentísimo zoom a Elmer Modlin. Quédense con su nombre, es uno de los protagonistas de esta diabólica historia. Pero ahora, rebobinemos.
Junio de 2003. Paco Gómez, fotógrafo del colectivo NOPhoto, recibe una llamada de su cuñado: “Ven a la calle Pez”. En pleno corazón de Malasaña, en una gran montaña, como si con una excavadora hubiesen vaciado una casa, Paco Gómez encuentra los restos de los Modlin –ropa, cartas y fotografías en las que la familia, desnuda, se dirige a la cámara con inquietantes posturas–. Durante los siguientes seis años Paco acude una y otra vez a las fotografías, habla con los vecinos de la zona, entrevista a todos aquéllos que los conocieron, le explican que eran americanos, que la madre –Margaret– era una pintora obsesionada con el Apocalipsis y que fotografiaba a su hijo –Nelson– en aquellas posturas imposibles como modelo para sus cuadros. Descubre que la familia apenas salía de casa, consagrada a la gran obra de Margaret y en pos de una fama que llegaría algún día. Alguien le cuenta que, llegado un momento, el hijo no aguanta más, abandona el hogar y rompe con las expectativas del padre –Elmer–, el actor fracasado, el anónimo extra que en La semilla del diablo mira al bebé de Rosemary como si hubiese nacido el diablo.

A cámara rápida pasan otros tres años. El material y la investigación sobre los Modlin llega a las manos de Sergio Oksman, cortometrajista brasileño (Goodbye, America; Notes on the Other) elegido por Paco Gómez para convertir la historia de los Modlin en un documental. Aquí, la imagen, se vuelve a ralentizar. Al trabajo de Oksman se ha unido Carlos Muguiro, su guionista habitual. Prueban una y otra vez, montan y desmontan pero les cuesta dar con la película. Abandonan el proyecto, lo vuelven a recuperar. “Paramos la película muchas veces, la dejábamos porque nos parecía imposible amalgamar esas fotos, había muchos agujeros”, cuenta Oksman, al que su heterodoxo proceso de creación (“intento que el azar actúe cada vez más, que dos imágenes o ideas se encuentren y se friccionen sin saber de antemano qué pasará”) parece no ayudar esta vez.

“Carlos y yo montamos 25 películas distintas pero ninguna funcionaba”, recuerda Oksman. “Después de tres años, cuando casi había tirado la toalla, fui a una exposición en el Reina Sofía y vi unas fotos en las que unas manos sujetaban otras fotos. Llevaba mucho tiempo trabajando con material digitalizado y supe que tenía que recuperar las fotos físicas, el papel”. Por primera vez, Oksman siente que está cerca de los Modlin. Su historia requiere una narración austera: una mesa y unas manos. “Un trilero, un personaje de ficción que cuenta cómo se encontró aquellas fotografías en la calle Pez”, cuenta el director. El resto, acaba llegando.

Aquí conviene darle al “pause”. En el estreno de A Story for the Modlins y en los meses posteriores surgen desavenencias entre Paco Gómez y Sergio Oksman. El primero afirma que ha de ser considerado autor en igual medida que el segundo, alegando que en el propio guión del corto está inscrita su labor de investigación de los últimos años. Éste le niega la autoría, concediéndole el crédito de investigador. La ausencia de un acuerdo legal (“Le di total libertad creativa con dos condiciones: que fuese respetuoso con los personajes y que me hiciese partícipe de todo el proceso”, afirma Paco Gómez) y la promesa de un acuerdo económico al 50 %, que en palabras del fotógrafo “Oksman rebajó a un 25 % al cabo de los meses”, hacen que Gómez acabe sintiéndose “desterrado del proyecto; mi proyecto se había convertido en suyo”. La versión de Oksman, que llegó a un acuerdo económico con Paco Gómez pagándole los 5.000 euros requeridos por éste es otra: “En todas las entrevistas he mencionado a Paco, él hizo una investigación muy interesante que fue fundamental en la película, como en el caso del ‘zoom’ a Elmer Modlin en La semilla del diablo. Él fue el primero en señalarlo, no tengo ningún apuro en decirlo”. Pero insiste: “La película se llama A Story for the Modlins; es una historia sobre ellos, no la historia de los Modlin, lo que se cuenta no tiene por qué ser la verdad de la familia. Parece un mecano bien cerradito pero las grandes incógnitas quedan abiertas, por completar. Lo que no está en la pantalla, no existe”.

Y ahora, démosle al “play” otra vez. “Empezamos el corto con La semilla del diablo en “flashforward” y ese zoom sobre Elmer Modlin porque el paralelismo era evidente –asegura Sergio Oksman–. Él también era un actor fracasado, su mujer pintaba cuadros sobre el diablo como si ellos hubiesen hecho un pacto como el de Polanski. Era una manera de preguntarnos ‘¿Qué pasa cuando acaba la ficción?”. Fin del ‘zoom’ a Elmer Modlin. Se abre el plano a la realidad. Allí esperan los Modlin, felices al fin. Tenían razón. Algún día alcanzarían esta fama maldita.

Texto: Andrea G. Bermejo. Foto de la familia Modlin, encontrada por Paco Gómez, que ilustra el cartel de la película.

Malditos Modlin: azaroso azar