Chan Marshall se sabe por encima del resto. Está completamente segura de su propia inspiración y a veces la excesiva confianza juega malas pasadas. Para el segundo disco de versiones de la más solventes de las herederas de Joni Mitchell, se ha contado con algunos incunables, ocultos o más visibles, como es el caso de New York, popularizada por Frank Sinatra y Liza Minelli, con los que Marshall evidencia su talento natural pero no consigue convencer. Sí, sabe cómo acercarse a las canciones, tiene una voz profunda y característica, pero no acaba de hacerlas suyas.
El detalle de Song to Bobby, a propósito del fervor dylaniano, otorga profundidad final, pero las carencias de algunas versiones son demasiado palpables.