La cabeza pensante de Clem Snide, el grupo de country-pop alternativo más exitoso desde que Wilco saltó a los charts de medio mundo, pone en circulación un segundo trabajo en solitario que sigue la premisa básica de la ironía más introspectiva y especial de la que parece que sólo él pueda dar fe en la actual escena de cantautores escorados hacia lo americano.
Éste es un segundo intento mayúsculo que lo lleva a cotas de acidez, calidad y lucidez de la que sólo pueden hacer gala pocos, muy pocos, casi diría que aparte de los clásicos, el israelí Barzeley está ya en el Olimpo del folk, el que ya ocupan gente como Steve Earle. No lo dejen pasar.