En su tercer disco tras su ruptura con Belle and Sebastián, Isobell Campbell vuelve a la fórmula de la colaboración, es este caso con otro personaje que también gusta de hacer amistades en sus discos, Mark Lanegan.
La escocesa compone aquí la mayor parte de las canciones, toca casi de todo, canta y coproduce y Mark pone su voz cavernosa como contrapunto a la dulzura de su anfitriona. De la suma de talentos resulta uno de esos discos con magia, canciones bonitas (preciosa la versión del “(Do you wanna) come walk with me”, de Hank Williams) y un poso de esa extraña melancolía que no te impide mirar adelante. Aire esperanzado en un trasfondo ojeroso.