A M.I.A. la suerte no le da la espalda. Con su primer disco se situó junto a las estrellas más rutilantes del hip hop underground, y el segundo se esperaba en ascuas, pero Kala, ni siquiera Arular, son tan rotundos para justificar el revuelo ante esta veinteañera con más ganas de juerga que ansias por crear rimas inteligentes.
Con dos pizcas menos de gracia que hace dos años, mezcla con todo su sentido de la posmodernidad, dance-hall, hip hop, reguetón de garrafón, electrónica basura y, como no, ragga indio. Ideas buenas y resultados bastante pobres. Ni siquiera el primer single conseguiría llenar una pista de baile en condiciones. Me quedo con Calle 13, al menos no engañan.