El australiano Nick Cave regresa a su proyecto madre y lo hace por la puerta grande. Tras un parón en busca de sonido más agrestes con Grinderman y ocupado en bandas sonoras de villanos, Jesse James. El espíritu más rockero y rugoso se apodera, en una línea de continuidad de lo que expuso en su anterior disco de estudio, Abbatoir Blues, el disco rock que publicó en junto a The Lyre of Orpheus.
No pierde un ápice de contundencia, predominan los temas de rock épico, la presencia de arreglos de cuerda con nervio, de guitarras rasgadas, junto a medios tiempos trepidantes. La madurez le sienta tan bien.