Es uno de esos personajes que hacen grandes la música que se factura en Barcelona pero sin necesidad de hacerse notar. Como miembro de Élena, Romodance o la banda de Miqui Puig, Raül Moya ha engrandecido la independencia barcelonesa con sutilidad y delicadeza.
Ahora, en solitario, Moya revuelve las tripas de los modernos de pro, con un trabajo que parece invocar a Andrés Calamaro, pero que ni mucho menos se queda en los tópicos del argentino. Lo de Moya es un folk con tendencia al rock tan acerado y certero como el de Mark Eitzeil o Elliot Smith, aunque éste es en castellano y con esa pátina latina que da el haber nacido al ladito del Mediterráneo.