Un disco de un grupo fantasma, de un grupo sin nombre, parece la banda sonora perfecta para ambientar este número espectral.
Sus entes son nada menos que el incombustible Damon Albarn, que trasciende de la sombra de Blur para convertirse en uno de los espíritus más inquietos e interesantes del momento, Paul Simonom, bajista de los Clash, Simon Tong, guitarrista de los Verve, y Tony Allen, leyenda del Afrobeat. Conocedores del pop de toda la vida lo beben junto al agrio licor de los años y lo escupen en este trabajo visionario. Londres arde en llamas. La destrucción es también el principio de la esperanza. Uno de los discos más interesantes de lo que llevamos de año.