Inevitable hablar aquí de los anteriores proyectos que han alimentado la carrera de Carlos Cuevas y Joaquín Pascual, pero su nueva aventura musical no ofrece espacio a la vena salvaje de Surfing Bichos, ni cuenta con las inyecciones descreídas que tan bien le sentaban a Mercromina.
En cambio, estamos ante un álbum por un lado marcadamente poético y que muestra madurez en el tratamiento, por ejemplo, del amor (con mirada limpia y sugerente); y por otro, ante un debut de una energía brillante, luminoso, que puede llegar a resultar irresistible y quizá también entrañable. Los años no pasan en balde, afortunadamente.