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Jachym Topol. Profeta en su tierra

Por Paloma Fidalgo (traducción: Israel Paredes). Ilustración: Daniel Cortés

Activista antisoviético que sufrió la cárcel (y menudas eran las cárceles soviéticas). Carismático líder de una banda punk. Y el autor checo con más proyección internacional actualmente. A España nos han llegado tres de sus espléndidas novelas, donde saca a pasear sus obsesiones: dos tratan de la Primavera de Praga, Misiones Nocturnas y Gárgaras con alquiltrán; y otra, Por el país del frío, es un tributo a las víctimas del campo de concentración de Terezin. Aquí, Jachym Topol ha venido a hablarnos de su paisano Kafka.

Tal vez a Kafka le sorprendería que hoy se lo considerase un pope de la literatura, después de haber pasado épocas ignorado.
Es probable. En mi país la imagen de Kafka ha experimentado una metamorfosis, precisamente. Hoy es un mito, pero en 1963, cuando Checoslovaquia se acaba de convertir en república Soviética, se celebró en Liblice, cerca de Praga, un seminario sobre el autor para reclamarlo como heraldo de la liberación frente a la ocupación.

Poco más tarde, en 1968, a las puertas de la Primavera de Praga, los tanques arrasaron aquella pequeña ciudad, y Kafka pasó a convertirse, para los disidentes, en un icono que nos recordaba la necesidad de despejar el camino prohibido.

Algunos hicieron auténticas gestas como transcribir sus libros con máquinas de escribir para distribuirlos de forma clandestina. También hubo incluso quien reprodujo sus textos a mano, como el poeta Ivan Jirous, en su estancia de ocho años en la cárcel como preso político.

Y si autores como Borges, Gabriel García Márquez o Murakami han reconocido la influencia de Kafka en sus obras, en los autores de la República Checa, la referencia será aún más recurrente…
Sin duda. Aunque, para un escritor checo, Kafka a veces deja de ser una inspiración y se convierte en una losa. ¿Te imaginas tener a un gigante juzgando todo lo que haces, y que te comparen permanentemente con él? ¡Y es curioso que a Kafka lo mortificaba la relación que tenía con su padre, Hermman, porque era de este estilo!

De hecho, aquí la palabra 'Kafkiano' ha cobrado un significado diferente del que tiene en vuestro país: la usamos de forma irónica, para designar algo gris, tedioso. Incluso uno de nuestros Kafkas de hoy, Hunter Grakchus, escribió una historia en la que Kafka se reía de sí mismo y relativizaba sus logros, con la idea de repensar su figura.

Dicho esto, los escritores checos tienen mucho que aprender de Kafka, de su forma insuperable de crear fantasía, y de su compromiso y valiente denuncia de situaciones sociales inadmisibles. La literatura en mi país se está volviendo cada vez más introspectiva, y es demasiado benevolente con la política, y hay muchos esqueletos en los armarios, se han borrado desgracias, sobre todo con la excusa de incoporarnos a la Unión Europea.

Si nos vamos de vacaciones a Praga, ¿qué huellas de Kafka nos recomienda?
Lo más recomendable es hacer una excursión a la aldea de Siřem, cerca de la capital, donde la hermana de Kafka tenía una granja, y donde el escritor pasó temporadas intentando vivir de manera saludable. Paradójicamente, la población de ese lugar decadente, ruinoso, muy típico de la Europa del Este, apenas conoce al autor, porque nadie lee, hay unas cuotas muy elevadas de analfabetismo.  

Jachym Topol. Profeta en su tierra