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Mastretta. Foto: Alberto Uyarra

Mastretta
El arte alegre

Compositor, acordeonista, clarinetista, pianista... Tiene mil maneras de dar salida a la música y relacionarla con otras Artes. Nacho Mastretta ha compuesto bandas sonoras para películas como Looking for Fidel, de Oliver Stone, Asfalto o El Gran Vázquez, música para desfiles de moda, para publicidad, para teatro, como su reciente colaboración con Teatro Impromadrid, para Danza y ha registrado varios discos: Melodías de rayos X, Luna de Miel, Música de automóvil o ¡Vivan los músicos!; éste último, un proyecto común con Pablo Novoa, Ricardo Moreno, Luca Frasca, Pablo Navarro, Marina Sorín, Diego Galaz, Miguel Malla, Marco Cresci y David Herrington.

¿Cuántas veces has llevado tu música en directo a la calle? No muchas, pero sí tengo experiencia. Me gusta mucho. Empecé a tocar en la calle porque tenía pocos conciertos y luego he seguido la costumbre y de vez en cuando lo hago. ¿Cómo reaccionan los viandantes cuando te ven tocar en la calle? Los que más atención prestan son los niños, que se quedan fascinados con el clariente. Hay veces que la gente te hace corrillo, otras veces no, pero es muy bonito tocar en la calle porque como lo que estás tocando, lo escucha todo el que pasa caminando, tienes que estar muy atento y concentrado en lo que estás haciendo. Me gusta mucho la experiencia y se lo recomiendo a todos los músicos.

¿Sales a tocar a la calle en solitario o con otros artistas? A veces he ido a tocar con otros músicos amigos. Una vez fui con una amiga bailarina que organizó una sesión de claqué con varios bailarines y fue muy bonito. Lo he hecho un par de veces en Madrid.

¿Lo anuncias? No lo anuncio, lo hago simplemente por el hecho de tocar. Esto le pasa a todos los músicos. Que puedas tener como máximo 25 o 30 conciertos en un año y el resto de días del año estás sin ejercer tu profesión es bastante duro. Esto te hace reflexionar sobre tu oficio y sobre el lugar que ocupas realmente, y si tiene sentido ser músico porque no ejerces tu profesión. La mayoría de días del año estás en casa. Es por esto por lo que empecé a bajar a la calle.

Cuando no estás tocando, pasarás gran parte del año metido en el proceso de composición. Siempre estamos componiendo, haciendo arreglos y reuniéndonos para ensayar con todos lo proyectos en los que estamos metidos. La mayoría compaginamos proyectos, uno personal y otros en los que tocas de músico. Aparte de eso nos diversificamos haciendo música de teatro, para cine, danza... Pero creo que la principal actividad que deberíamos tener es la de tocar frente al público y eso la verdad es que está bastante difícil.

Tu música invita a bailar y a divertirse, sin embargo es señalada como música de culto. ¿Es esto una paradoja, es compatible? Por la tendencia que hay ahora con el mundo del arte, no sólo en el ámbito de la música, está sobrevalorado el aspecto dramático de la cuestión. Si muestras el lado duro de la vida o muestras las pasiones negativas, tienes una aceptación dentro del mundo artístico, se considera una expresión artística. Cuando en una obra tratas la expresión de la alegría o de las virtudes no se suele considerar tan artística, pero esto es una cosa del tiempo actual. Lo que creo es que, si quieres expresarte, hay que mostrar los dos lados siempre. Lo mismo sucede en estas películas o novelas que leemos de gente torturada, que no hay lugar para la esperanza. Te dejan un poco vacío, como que no te lo acabas de creer del todo porque la vida nunca es de un solo color. Por eso en la música trato de mostrar cómo se va de la pena a la alegría y el poder transformador de la música para sacarte de tí mismo y ver el mundo de forma más general y no tan al microscopio.

Sólo a unos pocos músicos se les llaman “Maestro” por su genialidad. ¿Qué sientes al estar en este pequeño grupo? Lo agradezco mucho, pero creo de momento no lo oigo mucho y mejor para mí para que no se me suba a la cabeza. Lo que yo estoy proponiendo a la música es una manera de trabajar el material, no tanto lo que yo pueda escribir, porque ahí no creo que haya mucha novedad ni mucha ruptura con la tradición sino el sistema de trabajo, el modo de presentarse en el escenario, la manera de trabajar en grupo. Creo que es a contracorriente porque siempre se trabaja para un cantante, una persona que es la que da la cara en todo momento y yo, lo que estoy tratando, es que sea el grupo el que se exprese en conjunto y que las individualidades y la personalidad de cada uno salga adelante gracias al apoyo de todos los demás. Eso es una cosa de toda la vida pero que ahora como se practica poco puede llamar más la atención.

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Texto: Mónica Caballero. Fotos: Alberto Uyarra

Mastretta. El arte alegre