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José Antonio Granero. El nuevo rumbo del COAM

Texto: Javier Agustí Foto: J. A. Granero y LaSede del COAM

La larga entrevista mantenida con el decano del Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM), José Antonio Granero, es difícil de condensar, pero si hay algo en lo que ha insistido su equipo (por el que se deshace en elogios) no ha sido solo "abrir ventanas, sino también tirar paredes, de cara no solo a los arquitectos, sino a toda la sociedad, y empezar a relacionar la profesión con empresas privadas, otras instituciones, el mundo cultural…".

Podemos ver que ese logro ha sido materializado al acercarnos cualquier día a La SEDE del COAM y encontrarnos, desde "un evento de características financieras, otro sobre el patrimonio cultural de Madrid, un concierto, un desfile de moda o un evento profesional sobre energía. Porque al final la arquitectura tiene mucho que ver con las cosas que ocurren en la ciudad de manera transversal", opina el Decano.

El discurso de este arquitecto madrileño es rotundo al hacer balance en el momento en que arranca su último año al frente de la institución que acoge a los arquitectos madrileños. El COAM vive un profundo proceso de renovación y Granero tiene claro su programa, establecido en cuatro etapas, una por año. 

La primera fue poner orden en casa: "Entramos en un colegio en una situación de crisis total, de la sociedad española y muy especialmente de la arquitectura. El colegio estaba prácticamente en quiebra económica. Se mantenía el mismo personal que cuando facturaba el doble, de manera que lo más terrible fue el inicio, pues tuvimos que hacer dos ERE y redujimos las nóminas prácticamente a la mitad. Fue durísimo".

La segunda fase consistió en poner en marcha la nueva sede, "de la que nosotros éramos unos convencidos. Creíamos que era fundamental para que la institución recobrara presencia e influencia, y para regenerar sociedad civil, que estaba desaparecida, aquí y en toda España. Había habido una expansión del mundo político muy grande que había ocupado demasiados ámbitos”.

Lo importante es comunicar

El tercer año fue el de "volcarnos en dar servicios y apoyo a los colegiados", y la última fase, que acaba de iniciarse, es "la de consolidación y, especialmente, la de comunicar todo el trabajo realizado de manera, callada, silenciosa y con mucho esfuerzo”, lo cual se llevará a cabo a través de una nueva plataforma web. Porque no sirve de mucho hacer las cosas si no se cuentan. 

Precisamente la cultura es uno de los soportes fundamentales de su actuación: "el 'cuore' del colegio es el control de los proyectos, pero también tener un centro de documentación muy potente. Tenemos una biblioteca extraordinaria de referencia europea, en términos de arquitectura, y con más de cuarenta legados de los mejores arquitectos de España (la Escuela de Arquitectura de Madrid, que es impresionante, tiene dieciséis). Eso hay que cuidarlo, y contarlo. La gente no sabe, por ejemplo, que pueden entrar en la web del colegio para conocer la historia de muchos edificios de Madrid por dentro".

Y siguiendo en esta línea, incide en el buen momento creativo de la ciudad: "Madrid es un hervidero de artistas y creadores, diseñadores de todos los ámbitos,  investigadores, profesionales, haciendo cosas apasionantes, pero que no se conocen…Tiene que haber plataformas, y el colegio debe ser una de ellas. Creo que Madrid no ha sabido contarse a los madrileños y no ha sabido contarse fuera. Una de las cosas que queremos hacer este año es llevar a cabo esa narrativa, contar Madrid. La transformaciones de Madrid apenas se han contado.

Porqué, por ejemplo, está el Palacio Real donde está, o la Castellana o el Círculo de Bellas Artes, fruto de un concurso en los años 20 en el que, además el arquitecto transgrede la norma del momento. Y se permite que sea así, porque era maravilloso. Las cosas singulares hay que hacerlas. Ahora  tenemos miedo a tirar y hacer. No hay que tener miedo, hay que respetar el patrimonio, pero no habría que tener miedo a tirar algo si lo sustituimos por algo mejor. No todo lo que es viejo o antiguo tiene valor".

Deportando arquitectos

Sobre el difícil momento que viven los jóvenes arquitectos sostiene que, lo que estamos haciendo es deportarlos. Sin embargo tendríamos que tenerlos aquí y exportar arquitectura. "La formación de la arquitectura en España es extraordinaria. Nuestros jóvenes arquitectos están muy bien reconocidos fuera. Ese capital es tremendo perderlo. Y un arquitecto puede estar en muchos ámbitos"

Es capital de conocimiento que perdemos, se lamente. En este sentido, comenta que el Colegio ha tratado de facilitar su inserción laboral con medidas como que los estudiantes al acabar la carrera estén colegiados directamente (y gratis), o la realización de jornadas enfocadas a empleabilidad. Otra de las novedades del curso será la apertura de un centro de coworking en la propia sede: "abierto a todos, con un 50% de plazas para arquitectos", puntualiza, insistiendo en que "los arquitectos, solos no vamos a ningún sitio. Tenemos que estar en relación con ingenieros, sociólogos, abogados, informáticos, diseñadores, médicos…"

Uno de los aspectos más importantes de la tarea del arquitecto es la de hacer ciudad, algo que no siempre está en las manos adecuadas. Y es una de sus quejas: "Cuando se va a actuar sobre la Plaza de España o sobre el Santiago Bernabeu no estaría de más que no lo decidiera Florentino Pérez solo… A lo mejor, en las propuestas había una mejor que la eligió él. De lo que no nos hemos dado cuenta es que cuando hacemos arquitectura, cuando un promotor hace algo, no lo hace para él, queda en la ciudad. Tenemos que empezar a escuchar.

A lo mejor un ciudadano de la calle no necesariamente va a tener una opinión fundada sobre urbanismo, que también puede, pero al menos debemos preguntar a los profesionales. Mecanismos como estos son los que tenemos que empezar a cambiar en el siglo XXI.

Por poner un ejemplo, en Finlandia, cuando se va a actuar en una zona medianamente relevante de la ciudad el propietario tiene obligación de convocar un concurso, con un jurado profesional, para que lo que salga sea lo mejor. No digo que tenga que ser así siempre, pero sí hay que escuchar.

Lo del [Estadio Vicente] Calderón, la propuesta es buena y el ordenamiento está bien. Pero podía haber sido un desastre y nos lo habrían impuesto. Nos falta un poco altitud de miras. Sobran ocurrencias y falta criterio. Las decisiones las tiene que tomar los políticos, pero el criterio lo ponen los profesionales. El gusto es subjetivo, pero la calidad técnica no".

Uno de los temas más espinosos es el de la dificultad para acceder a una vivienda, y su crítica va en un doble sentido: "Hay un tema fundamental en el que todo el mundo está de acuerdo y nadie se ha atrevido a meterle mano, que es el precio del suelo:

"¿Por qué en Berlín o en Alemania no hay especulación del suelo? Porque el urbanismo está enfocado a la calidad de la ciudad. El precio del suelo tiene que tener un control. Es la raíz de todos los males. No puede ser que para quien compra una vivienda, el 60 o 70% de su precio sea por estar donde está, sin tener en cuenta la superficie, volumen, equipamientos, o las propias características de la casa", afirma.

En segundo lugar se refiere a la necesidad de encontrar nuevos modelos ya que, "han cambiado las necesidades de las personas. Mi generación está preocupada, por ejemplo, en que una vivienda pueda ser eficiente desde el punto de vista energético, o de cosas como que no dependamos del uso del aire acondicionado, o que tengas un espacio donde dejar tu bici. No podemos limitarnos al modelo de 'cuarto de baño alicatado hasta el techo'.

Es terrible que lo que se haga en el mercado de vivienda lo decidan los promotores inmobiliarios”, sostiene, apostando, en el caso de Madrid, por un modelo basado en la rehabilitación, más que en la construcción, pues puede resultar mucho más económico.  

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José A. Granero. El nuevo rumbo del Colegio de Arquitectos de Madrid