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La regresión

Por Jenn Díaz Ilustración: Nuria Cuesta

Jenn Díaz (Barcelona, 1988) es una autora atípica para su edad. En las cuatro novelas que ha publicado hasta la fecha: Es un decir; Belfondo; El duelo y la fiesta; y Mujer sin hijo, ubica la narración en un entorno rural de España de posguerra, porque en el tiempo presente apenas encuentra poesía e inspiración. Le hemos pedido un relato inspirado en La metamorfosis y este es el resultado:

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Un día va y dice, me gustaría hacer una regresión, y le pregunté qué quería decir regresión y dijo, retroceso a etapas anteriores, que es más o menos lo que dice el diccionario, y le dije, joder, estás mal de la cabeza. Se había corrido el rumor de que en el barrio había un brujo, o un mago, no sé qué palabra usaban, y todo el mundo hablaba de lo mismo, porque para una cosa que pasa en el barrio... yo lo entiendo, pero estaba ya un poco cansado, me parece que se llamaba Jacob, pero no sé si se llama así de verdad o se lo ha puesto, porque los magos son como las putas, que no se ponen su nombre de verdad, por lo que pueda pasar.

Antón no paraba con lo mismo, que quería hacer una regresión, se le había metido en la cabeza, porque un vecino de un amigo suyo, lo que se dice en estos casos, había hecho una, porque era mexicano y ahora vivía en el barrio pero era de allí, y allí, por lo visto, todo lo de los brujos y los magos está a la orden del día; el mexicano dice que le cambió la vida, que fue como si volviera a nacer, porque, bueno, el nacimiento es exactamente una etapa anterior, y hasta ahí la definición estaría bien, pero también decía que desde que había hecho la regresión no era el mismo, porque el nuevo nacimiento le había hecho ser de otra manera, de la manera que es ahora no lo sé, porque yo al mexicano no lo conozco de nada.

Antón no dejaba de molestar, porque para una cosa que pasa en el barrio y que le puede pasar a él, yo lo entiendo, y se le había metido en la cabeza lo de la regresión y le pregunté a qué etapa anterior quería retroceder, y decía que le daba lo mismo, cualquiera, la que fuera menos seguir igual, y lo decía porque le habían dejado y estaba herido, aunque no lo reconociera, no importa, los amigos notan esas cosas, aunque luego hagan como que no, para no tener que hablar ni dar consejos ni abrazos ni apretones de manos, pero yo me di cuenta de que de verdad estaba afectado, para una novia que le había salido...

Yo lo entiendo, pero no se puede estar así por una mujer, porque entonces estás acabado, y como Antón estaba acabado, quería retroceder, hacer una regresión con el mago o el brujo, y le dije, cuidado, porque no sé dónde leí que había brujos buenos y brujos malos, y a ver si el del barrio era de los malos, pero me dijo que peor que estaba ya no podía estar.

Me pidió que lo acompañara y yo no quería porque me daba miedo, pero tuve que ir porque no podía reconocer que estaba asustado, y lo primero que dijo Jacob al vernos entrar es que había malas vibraciones en el ambiente, y Antón me miró y dijo, ¿lo ves?, como si tuviera mucha razón, y Jacob, túmbate, y una cosa que me sorprendió es que ya sabía que era Antón el que quería hacer la regresión, porque a mí ni me miraba.

Antón se tumbó y dijo que estaba un poco nervioso y el mago dijo, todos lo están, y lo dijo con una voz que daba miedo, no es que yo sea un cobarde, pero daba miedo de verdad, y hasta Antón puso una cara que hacía un poco de gracia, y yo creo que en aquel momento se arrepintió de haber ido, pero ya no se podía echar atrás, y además, peor ya no podía estar, o eso creíamos.

Jacob estuvo diciendo algunas palabras que eran latín o inventadas, porque no las entendíamos, y Antón tenía que cerrar los ojos y dejarse llevar, y dijo, pero cómo, porque seguramente nunca se había dejado llevar, yo lo entiendo, pero eso tampoco era tan difícil, y le dije, pues..., y el mago me cortó y quedé avergonzado y ya no volví a abrir la boca hasta que Antón ya no era Antón.  

No sé qué le había hecho, pero parecía un... no lo sé, un animal, al principio pensaba que un gato o un perro, pero ni ladraba ni hacía nada, y Jacob dijo, eso es lo que su cuerpo ha decidido ser, y ahí ya sí que abrí la boca y dije, estafador, estafador, repetí, y Jacob decía, hay que respetar la voluntad de su cuerpo, la naturaleza es sabia, y Antón no se podía dar la vuelta y parecía que estaba incómodo bocarriba, y yo intenté ayudarlo, pero Jacob me dijo que era mejor dejarlo, no tocarlo ni nada, para que la regresión se completara, como si fuera una batería.

volví a decirle que era un estafador, y que como se enterara el padre de Antón lo iba a matar, pero se metió por una puerta sin inmutarse y se fue y me dejó ahí con Antón, que estuvo un rato así y luego lo desperté, y le pregunté si estaba de broma y dijo, joder, no, es que me he convertido en... un bicho o algo así, ahí ya me dio la risa y Antón dijo, y ahora qué

La regresión. Por Jenn Díaz