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Del Amor. Acento en la emoción

Por Inma Flor. Foto: Carlos del Amor por Carlos Herraiz

El año sin verano (Espasa) juega al engaño, nos confunde y nos atrapa entre la ficción y la realidad en una suerte de metaliteratura que su autor, el periodista Carlos del Amor (Murcia, 1974), ha sabido manejar con sabiduría y delicadeza. El amor participa del mismo juego, aunque dudo que estos dos últimos atributos le sean aplicables.

La vida de los otros puede ser sorprendente y esa es la premisa de la que parte su primera novela, tras un libro de relatos que convirtió al icónico periodista cultural de TVE en escritor. Su forma de entender el periodismo ha dejado huella en el panorama patrio. ¿Su secreto? Prestar más atención a la emoción y a la opinión que a los datos, que considera fríos y le interesan poco. Y eso se percibe en su escritura, pero también en su rol como entrevistado.

¿Cómo se enfrenta uno a su primera novela tras el libro de relato?
Dar el paso del minuto y medio del telediario al relato me parecía más asumible que ir directamente a una novela, me hacía sentir más seguro. En mi segundo libro me he tirado a la piscina, pero está muy compartimentada y tiene mucho de relato. Me lo tomé como un reto.

¿Es una novela de engaños?
La novela es el gran engaño. Aunque en la vida todos vivimos un poco engañados: nos engañamos a nosotros mismos para hacer más soportable la realidad y, a veces, es sano. Pero los engaños que se producen en la novela tienen consecuencias: el cartero cambia vidas, el actor se inventa una para proteger a su madre...

¿Idealizamos el amor? Uno es consecuencia del otro, donde hay vida hay amor. La mayoría tenemos idealizada la vida, la agarramos, la queremos disfrutar, queremos que dure cuanto más mejor, y el amor es una consecuencia de eso. Sin embargo, el enamoramiento pasional sólo se vive en los primeros momentos, y en las películas.

¿Qué es lo más loco que has hecho por amor? 
Por amor me fui a ver acompañado la toma de posesión de Obama. Me parece loco, sobre todo, porque era un 10 de enero, en Washington, a 14º bajo cero. Y por Martín, mi hijo, sé que estoy dispuesto a hacer cualquier locura.

En El año sin verano hablas de 'entradas aduana, en las que se pide un salvoconducto para acceder'. ¿Qué valoras en la gente para darles ese salvoconducto a tu vida?
Las amistades surgen de la manera más espontánea. Una amistad no se valora, a un amigo no se le examina, sino que fluye y nace un sentimiento de amistad, de amor, como lo quieras llamar. De repente, las piezas encajan y te das cuenta de que hay complicidad. 

¿Hay algo de autobiográfico en esta novela?
Hay mucho de autobiográfico, porque uno escribe y cuenta de lo que ve, de lo que sabe, de lo que tiene al lado. A mí el ancla de la realidad me supuso un estupendo salvavidas para llevar a cabo este proyecto.

Eres un gran cinéfilo y entiendo que eso habrá dejado su impronta…
Me gusta mucho '13, Rue del Percebe', me divierte la idea de encontrarme con un edificio cortado por la mitad y ver las casas por dentro. Cuando voy por la calle y veo uno de esos edificios demolidos en los que todavía puedes ver el papel pintado, me da por pensar qué ha visto o escuchado ese papel.

Intuyes e imaginas cosas, porque la distancia no te da una percepción total (el personaje de James Stewart en La ventana indiscreta juega un poco a esto). En realidad, sólo tienes un trocito de esa vida y te da para construir el resto. Ese es el germen de mi novela.

¿Qué te empuja a escribir? Me empuja la necesidad de contar historias que están en mi cabeza y, sobre todo, que me faciliten las cosas. Yo soy un privilegiado al que llama la editorial y pone a mi disposición un hueco si hago algo que merezca la pena, y eso me empuja. Cuando ves que la puerta está abierta, aceptas el reto y te lo tomas como un empeño personal.

¿Libro en papel vs libro digital? Nosotros hemos hecho un lanzamiento simultáneo en papel y en digital, para abrir la posibilidad de que cada lector elija el formato que le apetezca. Creo que el papel todavía tiene mucha vida por delante, porque tiene ese encanto, ese tacto o ese hacerte compañía que todavía no ha alcanzado el formato electrónico, a pesar de que éste tiene muchas ventajas y comodidades.

¿Cuál es tu próximo proyecto? Me gustaría escribir un libro que no fuera una novela, pero no me van a dejar. Un libro, por ejemplo, con las fotografías o las ilustraciones de otro, que yo comentaría, o un libro sobre arte… Algo así.

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