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Espacios para el diáologo

Por Beatriz G. Corredera

El escultor bilbaino Pello Irazu ha creado en la Sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid un laberinto por el que discurrimos por trabajos creados entre 1991 y 2004. Una instalación que es, al mismo tiempo, una obra nueva y una retrospectiva de su trayectoria.

¿Cómo  concibió la exposición? 
Cuando los responsables de la sala Alcalá 31 me la propusieron, después de ver la complejidad de la arquitectura de la sala, llena de pilares, con un doble piso y una altura en la bóveda de doce metros, tomé la decisión de asumirla tal cual, respetando su identidad; también pensé que debía presentar un trabajo que dialogase de una manera especifica con el espacio. Opté por reunir algunas de las pinturas murales que vengo haciendo desde 1989 por su heterogéneo comportamiento espacial.

De ahí el título de la exposición El muro incierto, ya que toda ella es como un muro mutante, que cambia según la percepción del espectador. La muestra se desarrolla como una especie de laberinto que recoge diez obras hechas entre 1989 y 2011 y otra NMT realizada ex profeso para el proyecto. Esta última, invita y obliga al espectador a recorrer el espacio del edificio, ya que solo pude verse desde la planta superior de la sala. Son once obras que orgánicamente conforman lo que podría percibirse como una gran escultura.

Cuando uno va a un centro de arte, sabe 'a lo que va'. ¿Quizá se rompe la capacidad de sorprender con respecto, por ejemplo, a una obra situada en un espacio común al aire libre, como también ha llevado a cabo?
No creo que el arte se base en la sorpresa, sino en la curiosidad que puede generar, en el sentido amplio de la palabra, y en el efecto que produzca en ti. El que va a un centro de arte sabe 'a lo que va' pero no necesariamente con qué se va a encontrar, la experiencia con el arte se renueva constantemente. Pienso en El Prado; las obras permanecen en el museo, siguen allí desde la primera visita, pero aunque vuelves buscando la misma experiencia, tú ya no eres el mismo, y posiblemente el encuentro con las mismas obras generen cosas diferentes.

A veces sentimos el deseo de tocar una escultura con nuestras manos, algo que suele estar prohibido, a no ser que vayamos al Museo Tiflológico. ¿Qué nos perdemos?
Creo que la idea de escultura hoy no es la misma que con Miguel Ángel o Rodin. Hay obras que en su naturaleza integran lo táctil, pero otras a pesar de su evidente condición material su disfrute o consumo tiene un carácter sinestésico, pero se produce principalmente a través de la mirada, de lo escópico. ¿No hay pinturas que quisieras tocar o sonidos que quisieras ver?

¿Ha cambiado mucho su manera de mirar y crear respecto a sus inicios?
Mi mirada es producto de la curiosidad por lo que me rodea, tanto ahora como antes. El arte es un instrumento que me permite relacionarme con esa realidad en unos términos que se renuevan constantemente siendo yo, un factor fundamental. Como persona, soy ahora más consciente de mi propia complejidad que en mi juventud y pienso que esa complejidad relacionada con la experiencia, es lo que ha cambiado mi mirada.

¿Qué importancia tiene el lugar en que crea en la propia concepción de su obra?
A mi me gusta la idea de estudio, de taller, de un lugar al que vas con continuidad y donde se deposita la experiencia diaria. Aparte de esta premisa, el ideal  del 'lugar perfecto' casi nunca se cumple y la vida te enseña que tu capacidad de adaptación es muy grande.

Si le dejasen intervenir cualquier arquitectura o lugar del mundo, ¿cuál escogería?
No tengo ningún lugar fetiche para proyectar mi trabajo, la intervención sería de otro tipo, más en la arquitectura social. Me duele la injusticia social, pero me duele igualmente la desidia alrededor de lo cultural que es parte de la misma injusticia. Creo que el arte tiene un gran valor para la sociedad, más allá del  económico, y si desde los responsables políticos, tal y como ocurre ahora, no se sensibiliza sobre ello, no se forma y educa a la gente en ese sentido, lo que suceda en Mérida con su pista de pádel, en Afganistán con sus Budas, o en Irak, acabara por no dolerle a nadie.    

Pello Irazu. El muro incierto. Sala Alcalá 31 de la CAM

Dialogar con el espacio