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...me acerco al mar como quien va a una iglesia, algo así, porque lo que a mí me ocurre no tiene remedio y cuando se va a la iglesia, es lo que sientes, que ya no hay solución, si no, cómo te vas a meter en una iglesia a rezar si aún hay algo que puedas hacer

Cada edificio de oficinas tiene tres, cinco, siete plantas. Diez. En cada planta hay varios departamentos separados por placas. Los techos altos surcados por cables quedan ocultos por cuadrados blancos

Playas, montañas, islas, patios, jardines y plazas son los entornos que refrescarán un verano que sobrecalentará el pavimento

El calor aprieta y el teatro, por aquello de que es un arte en transformación, se adapta a las circunstancias para que el espectador pueda aprovechar el mínimo frescor que proporcione la noche

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El colapso de Yuri Méndez
 
Por Rebeca Queimaliños
 
Puedes construir tu casa sobre un polvorín. Instalar tarima flotante y cerrar las ventanas. El riesgo es que alguien encienda un cigarrillo y vueles por los aires. Eso le ocurrió a Yuri Méndez (Pájaro Sunrise), pero con una conjuntivitis. Se quedó literalmente ciego mientras practicaba funambulismo -en sentido figurado- y colapsó. Boom. Frenó en seco y escribió 'a oscuras' durante dos semanas.
 
El resultado fue The Collapse (Lovemonk). Catorce canciones sobre implosionar y regenerarse. Una banda sonora para disfrutar en un refugio tras un alud, con chimenea, mecedora y wifi. 'Me derrumbé y mi cuerpo paró. Eso fue lo que pasó. Y, durante el fundido a negro, escribí el disco'. Yuri viajó hasta a los estudios de grabación Punta Paloma (Tarifa) y, entre panorámicas de infarto -ya había recuperado la vista-, grabó acompañado de Bart Davenport, Charlie Bautista, Shawn Lee y Javier Jiménez.
 
El disco se convirtió en una especie de profecía autocumplida: la vida fue a peor tras la grabación y, de repente, sus canciones no hablaban de lo que había pasado si no de lo que realmente iba a pasar: ruptura con su pareja, decepciones, lesiones… 'Supongo que en el fondo sabía que todo estaba a punto de estallar. Por eso escribí desde ahí'. Y por eso fue capaz de escribir: 'No quiero sonar a drama, pero hay un tipo de tristeza que está hecha de un material que ni quieres ni puedes tocar. En ese estado solo quieres que pase el tiempo. Dormir. Hibernar. Yo en ese estado no sé escribir'.
 
  
Pero Yuri está hecho de material ignífugo y preparado para tararear versos como 'we might as well sing to the collapse of everything' mientras todo se derrumba. Porque el álbum, pese a estar escrito desde puntos ciegos y zonas húmedas, tiene compases bailables y estrofas irónicas. 
 
El 22 de abril estará en la sala Sol y es la única fecha cerrada en Madrid. Su relación con España es extraña. Triunfó en Japón, su música sonó en una campaña de Unicef, puso BSO a la campaña Forest de Rexona; la prensa musical internacional elogió su anterior trabajo hasta el exceso -si es que existe- pero, en España es todo bruma. Sin embargo, no siente ningún tipo de recelo. Lo explica desde la calma, sin acritud. 'Tengo la sensación de que para sonar tienes que relacionarte bastante y yo estoy fuera del circuito. Es un sistema basado en el intercambio de favores y oligopolios: reséñanos a este grupo y te damos un pase para este festival; escribe sobre esta banda y pinchas en tal evento…'
 
Tampoco cree que exista la crítica musical tal y como está planteada en otros países, sino que está instaurado el marketing digital. 'Funciona la reiteración, sonar todo el tiempo en una cadena. Repetir el nombre y que suene hasta que te guste'. Pese al colapso - y la calima mediática-, Pájaro Sunrise seguirá girando y sonando’.
 
Pájaro Sunrise · 22 de abril · 22 horas · Sala El Sol

Reto Nº4: Escucha lo que odies