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El último trabajo de Rufus T. Firefly es la antítesis de un Big Mac.  Es difícil masticarlo, pero su digestión roza el orgasmo

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Rufus T. Firefly 
Honestidad psicodélica 
 
 
El último trabajo de Rufus T. Firefly es la antítesis de una cena en un McDonalds. Es difícil masticarlo, pero su digestión roza el orgasmo. Magnolia es un universo sonoro compuesto por diez temas sobre psicodelia, belleza 'sintética' y arquitectura sonora. Pero, sobre todo, es un trabajo que supura honestidad.  
 
Dos años después de publicar Nueve -altamente recomendable- y tras una 'crisis' artística que terminó con la salida de dos integrantes del grupo, Víctor Cabezuelo (voz, guitarra y teclados) y Julia Martín-Maestro (batería) se sacudieron la pena y crearon esta pieza de coleccionista. 'La verdad es que no sé cómo se crea un hit. Si lo supiese, tal vez lo haría directamente y me forraría'. Pero el preciosismo suele ser incompatible con lo obvio y Víctor es más funambulista que funcionario.  Prueba de ello, al margen de la música, es que el interior del CD incluye una especie de LSD bañado en esencia de magnolia y seis láminas diseñadas por la propia Julia Martín-Maestro. Todo al milímetro.  
 
El día de la entrevista llega ya finalizado el huracán mediático. La crítica ha aplaudido sin fisuras un disco impecable pero, Víctor, consciente del éxito aunque muy alejado de un ego que se presupone a cualquier triunfo, es comedido y crítico con la situación actual de la música en España. La borrasca mediática la inició Martí Perarnau (músico prolífico y líder de Mucho) con un texto en Facebook en el que criticaba la realidad de la música en España al otro lado de las fotografías de Instagram. 'Aunque no os lo digan […] muchísimos grupos se hacen un selfie triunfador al final del concierto para intentar transmitir una imagen de éxito que no es real. En este país vivimos agobiados por ser triunfadores desde Operación Triunfo […]'.  
 
…pero es una forma de promocionar tu música si no tienes una discográfica potente, ¿no?  No. Es hacerle un flaco favor a la música. No podemos vivir un sueño que no es real ni pretender que cada concierto sea el mejor concierto de la historia. Esta profesión es dura: a veces pierdes dinero y no pasa nada por decirlo. No es una queja, es una reivindicación. El primer paso para cambiar las cosas es asumir la realidad. ¿Qué imagen proyectas si describes una realidad inexistente? 
 
¿Es un problema exclusivo de la música? Programas como Master Chef o La Voz Kids, que reivindican el éxito inmediato y está condicionado a que un niño dé el 200% de su capacidad a los ocho años, son peligrosos. Yo, como músico, reivindico la pureza. Si hay alguien que hace canciones para forrarse no es músico, es un estratega o un comercial, y son conceptos que a mí no me interesan. Por ejemplo, a Standstill les empezó a ir muy bien y, el dinero que generaban lo utilizaban en hacer un show más grande y complejo. Terminó siendo insostenible, pero para mí son héroes.  
 
Cada vez hay más marcas que ‘apadrinan’ a músicos jóvenes… ¿Qué te parece como plataforma de lanzamiento? Mi libro favorito es No Logo: El poder de las marcas de Naomi Klein… pero reconozco que existe una corriente que apuesta por el talento y la música poco alternativa. No me gustaría que eso fuese el futuro. Son una herramienta muy potente para lanzar carreras, pero no debemos olvidar que el talento ya está ahí, no es patrimonio de nadie y nadie debería apropiarse de eso.  
 
¿Cómo ha sido el proceso hasta llegar a Magnolia? Lorca decía que los artistas eran médiums de la naturaleza: ella nos utiliza para expresar una grandeza. Me gusta ese concepto. No sé cómo hemos llegado hasta aquí, pero me gusta como ha quedado. Componer es un extraño proceso, cómo si no lo estuvieses haciendo tú, dejas salir cosas que ni siquiera sabes que tienes dentro… La clave es sentir y ser capaz de transmitir. Eso es Magnolia.  
 
Es un laberinto de referencias musicales y cinematográficas… Absolutamente. Es absurdo negar cosas que han pasado por tu vida y te han hecho estallar el cerebro. El disco es un homenaje constante a referentes tipo Led Zeppelin, Radiohead, Pulp Fiction o Mi vecino Totoro. Nunca he entendido esos grupos que reniegan de las influencias o tratan de ocultarlas. Me flipa Tame Impala, cualquiera que escuche el disco lo va a saber. Es obvio.  
 
¿Qué te parecen fenómenos como Taburete o Hinds? No he escuchado a los primeros y el éxito de Hinds a nivel musical no lo entiendo, me parece raro querer sonar mal a propósito, pero me parece digno. Me he cansado de escuchar criticar a las Hinds porque han triunfado. Mi visión de la música está en otra parte, pero aplaudo donde están y lo que han conseguido.  
 
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Rufus T. Firefly. Honestidad psicodélica