Advertisement

La Fundación Mapfre presenta la mayor retrospectiva del fotógrafo americano Nicholas Nixon. Una serie que profundiza sobre el paso del tiempo, la familia y las ausencias

La artista francesa Laure Prouvost ha empapelado la ciudad de Copenhague con cuerpos desnudos. La artista, premio Turner de arte contemporáneo, ha pegado pechos y entrepiernas en las paredes de la ciudad para dar el pistoletazo de salida a la feria de arte Chart que se celebró en septiembre

El artista francés JR ha instalado una fotografía enorme de un bebé que se asoma a través de la estructura que divide México y EE UU

<
>

 
A la deriva con Ai Weiwei
 
 
Dos reporteras del 'Deutsche Welle' siguen los pasos de Ai Weiwei por Lesbos, Idomeni, Gaza y otros puntos calientes de la crisis de refugiados. El resultado es un documental, A la deriva, que sirve de relato transmedia a la mayor catástrofe de nuestro tiempo. 
 
Un joven refugiado llega exhausto a las playas de Lesbos y allí, sobre la misma orilla, alguien le pregunta cómo se siente. No imagina que su interlocutor es Ai Weiwei, el artista más poderoso e influyente del planeta, también el más controvertido y cuestionado. El activista chino preparaba entonces un proyecto sobre los refugiados que culminaría en un documental (Human Flow, que se estrena este verano) y una instalación artística que cubrió las columnas de la Konzerthaus de Berlín con 14.000 chalecos salvavidas. En su viaje por el mundo le acompañaron Eva Mehl y Bettina Kolb, dos periodistas del Deutsche Welle. Durante más de un año, las reporteras grabaron con sus cámaras a Ai Weiwei observando el mundo a través de la suya. El resultado es otro documental, A la deriva, que sirve de relato transmedia al fenómeno de los refugiados
 
Eva Mehl vivió un par de años en Beijing, donde pudo entrevistar a Ai Weiwei en varias ocasiones. 'Cuando la ciudad se estaba preparando para los Juegos Olímpicos, Weiwei fue una de las pocas voces críticas contra el gobierno', cuenta la periodista. 'Tuve la oportunidad de conocer desde dentro el proceso artístico de su estudio y documentar el montaje de su famosa exposición de Múnich, pero siempre mantuve una distancia prudencial'.
 
Nada que ver con el nuevo documental, en el que las reporteras alemanas se convierten en la sombra del artista. 'Más que arriesgado, me lo tomé como un proyecto impredecible. Es imposible planificar un día con Ai Weiwei. Así que optamos por un método de trabaja que combinara organización, flexibilidad y paciencia. Él se mostró siempre muy abierto y dispuesto a colaborar'. 
 
Con sus imágenes y entrevistas a los refugiados, pero sobre todo con su presencia ante las cámaras, Ai Weiwei quiere llamar la atención sobre lo que considera una de las mayores catástrofes de nuestro tiempo. 'Su vida ha estado marcada por el desarraigo del exiliop, explica Bettina Kolb. 'Su padre, el famoso poeta Ai Qing, fue enviado a un campo de trabajo cerca del desierto del Gobi por el régimen de Mao el mismo año en que nació. En 1981 se trasladó a Nueva York, donde vivió otros doce años como exiliado. Y ahora vive un nuevo exilio como residente en Berlín'.  En 2011 el Gobierno chino le retiró el pasaporte y le acusó de evadir impuestos. Como consecuencia, Ai Weiwei permaneció 81 días encerrado en una celda bajo la atenta mirada de dos soldados. 'Desde entonces teme por la seguridad de su familia y por la suya propia'. 
 
A la deriva recoge el momento en que Ai Weiwei regresa a Beijing después de varios meses para reencontrarse con su madre. 'Fue un día de verano extremadamente caluroso', recuerda Mehl. 'Su madre, emocionada por ver a su hijo después de tanto tiempo, se mostró muy amable'. Les ofreció agua, fruta y albóndigas chinas. 'Me pregunté si la cámara estaría arrebatándoles un pedazo de su intimidad, pero nos hicieron sentir tan cómodos y partícipes que no dejamos de grabar…'.
 
En un rapto de espontaneidad, la madre llega incluso a sermonear a su hijo frente a la cámara. '¿Como has podido cambiar tanto?', le espeta. 'Antes eras un chico guapo, dulce y bien vestido. Ahora llevas cualquier cosa sacada de la basura'. Como preámbulo a la despedida, la madre le hace prometer que seguirá visitando China, al menos mientras ella viva. 'Claro, mamá', responde el artista. 'Quién podría impedírmelo'. 
 
Más allá del valor testimonial del trabajo de Ai Weiwei, que recoge todo tipo de objetos para exhibirlos después en una galería de Nueva York, la retina del espectador se resiente en varios momentos del documental. Sobre todo, cuando el artista chino manda instalar un piano blanco en mitad de un campo de refugiados. Ante la presión de las cámaras, la niña que debe tocarlo se queda bloqueada y sin saber qué hacer mientras Ai Weiwei trata de persuadirla. 'Me ha costado tanto traerlo…'. No menos polémica es la recreación que el propio artista hace del cadáver de Aylan Kurdi, el niño sirio que apareció en una playa de Turquía para convertirse en símbolo del drama de los refugiados. 'Nuestro documental no pretende juzgar a nadie', asevera Mehl. 'Queremos que sean los espectadores quienes saquen sus propias conclusiones'.  
 

A la deriva con Ai Wei Wei