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Un grupo de adolescentes de Cercedilla -de entre 11 y 13 años- se escapa a la montaña casi- todas las semanas para inspirarse, captar sonidos de la naturaleza, registrarlos en tablets y crear composiciones musicales a través de herramientas digitales

Andrew Thomas Huang se ha convertido en el director fetiche de Björk con trabajos como el paradisíaco y poético videoclip de The Gate, la orgía rocosa de Mutual Core o la experiencia de realidad virtual en Family

Los dos primeros cabeza de cartel confirmados para el festival Mad Cool son Queens of The Stone Age y Furure Islands. La banda californiana estrena una tanda de confirmaciones que se irán haciendo efectivas las próximas semanas

La clave de su humor es el no humor. No hay hipérbole en sus sketches. Rober Bodegas (A Coruña, 1982) y Alberto Casado (Madrid, 1983) han inventado un formato audiovisual 'fast food' que consiste en retratar el patetismo local sin fuegos de artificio. Bienvenido a todos tus lugares comunes. 

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Richard Collins-Moore 
Si los muebles cantaran…
 
 
Richard Collins-Moore (1960, Reino Unido) sigue dando la nota. Tras evitar encasillarse en el papel de guiri, ha mostrado inclinación por proyectos musicales, como Infamia, la zarzuela Los sobrinos del capitán Grant o el taquillazo La llamada, en cuya versión cinematográfica también (se) aparece. Pero en Mueblofilia, un inteligente y divertido pseudo musical que, tras su éxito, se repone ahora en el Café Berlín, da un triple salto mortal componiendo las canciones, cantando y tocando en directo. 
 
Últimamente, ¿vive cantando? Ya ves. Y, por mí, encantado. Aparte de La Llamada y Mueblofilia hago mis cosillas, versiones raritas que presento por ahí. De hecho, mi último bolo musical fue en las fiestas de San Cayetano, donde canté desde un lavabo químico tuneado: una especie de Rockola en vivo que se llama Pukebox.
 
En Mueblofilia compone los temas. Lo mío es una mezcla de felices accidentes y la fagocitosis. Capturo, descompongo, corto y pego hasta llegar a algo nuevo. Apenas manejo instrumentos. Haber tenido que aprender a tocar en directo en Mueblofilia me ha provocado una artrosis en el dedo meñique de ambos manos. Surgió la colaboración con Rulo Pardo [Cia. Sexpeare] cuando éste me vio en el Café Berlín presentando mis (sub)versiones. Se pasó el concierto propinándome piropos que todos (menos yo) tomaban como insultos. Al poco tiempo me explicó el argumento de Mueblofilia que ya iba dibujándose en su cabecita. Así que nos pusimos a reír a carcajadas delante del ordenador en mi casa hasta ir perfilando la parte musical. Sin prisas, con mucha jeta y sobre todo alegría.
 
En la pieza, el Señor Pino se enamora de una silla y tiene con ella una mecedora. Y dicen que el público de hoy está apegado al realismo… Puede que sea un ejercicio de tolerancia en sí (risas). De todas formas, la música, (como el humor, también, y hay dosis altas de las dos cosas en Mueblofilia), actúa de catalizador. Hemos visto a mucha gente pasar los primeros minutos de la función con la mandíbula por el suelo. Al poco rato se suele entender que esto no es Tennessee Williams y si no te dejas llevar estás perdido, chaval.
 
Parafraseando a Rafaela Carrá, si usted fuera un mueble, ¿qué mueble sería? Un banco con vistas al mar. No hay nada como un horizonte para poner el mundo de uno mismo en el mejor de los sitios.
 
¿Qué recuerdos tiene de la escena musical inglesa? No recuerdo haber visto un musical en Inglaterra. Son carísimos. 
 
¿Sus musicales favoritos? Recuerdo hacer el papel de Benjamín de José y su Asombroso Abrigo Tecnicolor y me lo pasé teta. En cine, West Side Story es insuperable, y Sonrisas y lágrimas me gusta mucho, mucho. La música del musical de Full Monty me parece brutal. Éste sí lo vi en la versión castellana de Mario Gas.
 
Ahora estrenan el remake cinematográfico de La llamada. ¿Todo un riesgo? Desde luego hay que ofrecer algo distinto: no se salta de un género a otro, así como así. Del teatro al cine hay que ir a más de algún modo. En el caso de La Llamada, los Javis [Ambrosi y Calvo] se han lucido en ese sentido, ya se verá. Por otro lado, hay muchísima gente que ha visto la función teatral más de una vez (el récord está en más de 150, y una de esas dos espectadoras tiene un cameo tronchante en la peli). No creo que les cueste ir al cine por haberla visto en teatro. Es más; estoy convencido de que se llevarán una grata sorpresa.
 
Desde Entre tinieblas de Almodóvar, parece que las historias de monjas tienen algo de kitsch. ¿Lo tiene La llamada? No sé si kitsch es la palabra. Hay algo sumamente entrañable en ver a una monja cincuentona bailando poseída por una alegría incontenible, u otra cantando por Soledad Giménez, epifanía personal mediante.
 
Usted hace el papel de Dios. ¿A lo Morgan Freeman o a lo Whoopi Goldberg? Es mucho más sencillo. Es tener la voz lo suficientemente preparada para cantar por Whitney Houston y que no hagan comparaciones odiosas. Yo que soy fumador empedernido desde los dieciocho años hago algún que otro ejercicio de respiración para tener algo de fuelle.
 
¿Le rezan mucho al todopoderoso en su profesión? Creo que antes llaman a su representante.
 
¿Le tiene más miedo a Dios o al Breixit? Al Brexit, por supuesto.
 
Usted vivió el thatcherismo. ¿Lo está reviviendo con las políticas económicas actuales? No. Gracias a Dios.
 
Mueblofilia. 9, 16, 23 y 30 de octubre; 6, 13, 20 y 27 de noviembre. 21h. Café Berlín 
 

El talento global de Collins Moore