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Natalia Dicenta como Judy Garland

Dando el cante

Dorothy, el personaje protagonista del Mago de Oz, tenía muchos motivos para estar triste, pero también un amigo mago que le aliviaba las penas. En cambio, en la vida de la mítica actriz y cantante que la encarnaba, Judy Garland, aparentemente no hubo magia que la salvara del tsunami de problemas que le acarreó su adicción a las drogas, a saber: un carácter inestable, dramas matrimoniales (por cierto que estuvo casada, entre otros, con el director Vicente Minelli, y fruto de ese matrimonio nació Liza Minnelli), alucinaciones y hasta tentativas suicidas. Son muchos quienes señalan a los productores que rodearon a esta multi premiada intérprete como germen causante de aquella adicción, porque, según ella misma contó, tenían la poco saludable costumbre de darle toda una amplia gama de pastillas para mantenerla en pie durante interminables horas de rodaje y someterla a un estricto control de peso.

Esa desajustada vida ha sido carne de literatura y cine, y se ha interpretado a la intérprete en espectáculos recreadores de sus vivencias. No debe de ser fácil para una actriz meterse en el pellejo de un personaje como Judy Garland, por su complicada psicología y por su superdotado talento artístico para la canción (en especial). Sin embargo, Natalia Dicenta (a quien ya hemos visto sobre las tablas en Solas o Réquiem por un soldado) lo hace estos días en el Teatro Marquina, protagonizando la obra Al final del arcoíris, un texto de Peter Quilter que causó sensación cuando se montó en Londres y que narra los últimos meses de la diva Garland, en los que volvió a los escenarios después de que la despidiera la Metro Goldwyn Mayer y sus escándalos públicos menguaran sus clubes de fans. La prueba está más que superada, Dicenta está muy bien, quizá con el único "pero" de resultar algo afectada a ratos. A la actriz la acompañan en el escenario Javier Mora (lo hemos visto en El síndrome de Ulises), efectivo en el papel del desconcertadísimo último marido y representante que tuvo la artista (Mickey Deans), y Miguel Rellán (un consagrado actor que la temporada pasada triunfó con La abeja reina), que está absolutamente perfecto intepretando a Anthony, el pianista y amigo que apoyó a la actriz hasta sus últimos momentos.

Los diálogos están bien construidos y son divertidos, aunque quizá a veces se pasan de melosos, y el ritmo de la pieza está conseguido, y sortea bien la dificultad de incardinar actuaciones en vivo de Dicenta, que, acompañada de un cuarteto, canta un total de siete clásicos que eran habituales del repertorio de Garland, entre ellos Get happy o Some over the rainbow.

Al final del arcoíris / Teatro Marquina (Prim, 11) / 25€ / M-D.

Natalia Dicenta, dando el cante