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Pinchín: Comer jugando

 

Mónica Iglesias te recibe en la cocina y, mientras se quita el delantal, abre una botella de vino blanco ecológico. Está preparando el menú para la fiesta 100 de El Duende y un profundo perfume a chocolate negro invade el apartamento-estudio. Sobre la mesa del comedor se dispersan perlas de colores, graGeas de frutas, pastillas de caramelo y gominolas,… son parte de su juego favorito: Pinchín, el pequeño catering artesano.

 

Eres estilista gastronómica, pero ¿qué es eso? Es que no había nombre para lo que yo hacía porque cocino pero además diseño los complementos de la mesa, la decoro. Busco en el catering lo mismo que busco en el dibujo, que el resultado sea muy bonito.

 

Siendo ilustradora y diseñadora textil. ¿Cómo se te ocurrió meterte en la cocina? Nunca he salido de ella. Mi abuela, asturiana como yo, era una cocinera estupenda y siempre estaba a sus faldas pidiéndole que me dejara remover algo. Siempre he sido una cocinillas pero fue durante mi estancia en París donde descubrí que podía hacer más cosas. Estuve allí cinco años y me recorrí todos los restaurantes de las guías, compraba libros de gastronomía, tratados antiguos, recetarios del mundo, me apunté a cursos de cocina los fines de semana, empecé a investigar sobre las especias y me apasioné.

 

¿Cuándo nace PINCHÍN? Tiene poco más de un año. Volví de París y me quedé un tiempo sin trabajo. Mis amigos me dieron la idea de transformar las meriendas que hacía en algo parecido a un trabajo, me hice unas tarjetas y el boca a boca funcionó. Las chicas de “La Casita de Wendy” y Bea de “Con dos bolsas en cada mano” me dieron un empujón y me vi haciendo el catering del Nómada Market, estaba muy nerviosa pero salió genial y mucha gente me conoció allí. Ahora hago menús personalizados para exposiciones, inauguraciones, tiendas, algo pequeño que, de momento, no quiero que crezca, estoy cómoda y puedo seguir inventando.

 

Sabemos que eres una repostera estupenda. ¿Qué es lo que más te gusta hacer? Hago mucho dulce porque es lo que más pide la gente, mini-tartas individuales, magdalenas decoradas, la gente aprecia el cariño que se desprende de los glaseados de colores, de las estrellas de caramelo, son detalles importantes. Pero lo que me encanta es inventar pinchos, combinaciones nuevas para no repetir nunca una receta, siempre meto algún ingrediente diferente, le doy la vuelta. Dice mi familia que no he dejado de jugar desde que era pequeña.

 

¿Qué preparas para El Duende? Quiero darle personalidad al menú, me he empapado de la revista y lo que he visto es que busca innovación y sorpresa, y eso ha marcado los platos. Hay tartas que parecen dulces pero no lo son con pesto oriental de cilantro y anacardo; galletas con forma de revista que son de tomate y albahaca o de tomillo y semillas de lino. Hay rollitos crujientes con verduras y enoki; flores de brik con muselina de patata y maíz crujiente y unos capuccino de mango con crema de wasabi. He preparado también un taller de decoración de magdalenas, eso le gusta a todo el mundo, puedes mancharte y comer feliz.

 

¿Todo lo haces desde casa? Todo, tengo la cocina llena de trastos y no compro más porque no me caben. Funciono con cuatros fuegos, con un horno y con otro horno para pizza. Yo misma llevo los platos al lugar de la cita en una bolsa de tela de mano de unos grandes almacenes… ¡Pero es que es tan cómoda! Lo único que no sirvo son bebidas, con eso me ayuda La Fisna que trabaja con vinos ecológicos muy originales. Para vosotros elegimos un blanco, “El Patio”, de uva airén y un tinto crianza, se llama “Esther”. Me manejo bien pero en el futuro quizá tenga que buscar un local para trabajar que sea taller de cocina y estudio de dibujo. He tenido suerte y sigo haciendo las cosas que más me gustan.

 

Texto: Bárbara Vidal

Pinchín: comer jugando