El escritor urde complejas trampas con las que atrapar al lector. Quizá la fascinación del creador por el héroe surje de que en el fondo todo creador es un villano. En Las aventuras de Barbaverde, César Aira imagina una lucha constante entre el héroe y su némesis, el malvado doctor Frasca.
No es la primera vez que Aira usa un enfrentamiento entre un héroe y un villano, en Las curas milagrosas del Doctor Aira vemos cómo el protagonista cae en las redes del malvado Actyn –no creo que sea casual que tenga nombre de medicamento- y, por eso, hemos invitado a Aira a reflexionar sobre las relaciones entre héroes y villanos en el contexto de la narrativa más exigente y vanguardista.
En otra de sus novelas, César Aira imaginaba un ejército de clones de Carlos Fuentes para conquistar el mundo. Y de ese modo plantea la posibilidad de que el escritor no sea más que una herramienta en las manos del mal para suplantar y tomar el control del mundo. Cuando se le pregunta al respecto, Aira contesta que “Tal como me lo imagino yo, el Supervillano o Genio del Mal (Sabio Loco es otra buena denominación) no pretende huir de la realidad sino hacerle el amor; es el único verdadero amante apasionado del Mundo Real. Y ésa es la clave de su eterno fracaso, porque lo Real es intratable por definición.” Aira, siempre ocurrente, describe con exactitud el mundo en el que nos movemos como un mundo imaginario, en el que el bien, lo heroico, pretende instalar lo simbólico a la fuerza. Por eso el poder modifica la descripción del bien, para crear un tejido simbólico nuevo. Frente a eso, la voluntad del villano pasa por sumergirse en lo real. No es casual que el villano sea un loco, ya que ha sabido distinguir la brecha que se abre entre el mundo simbólico y su reflejo imaginario.
Si se le pregunta por su villano favorito, o el que más teme, confiesa que “El que más admiro, estéticamente, es el Maldoror de Lautréamont. El que más temo, es una mujer, la Madame de Merteuil de Las Relaciones Peligrosas.” Los surrealistas abrazaron los “Cantos de Maldoror” como una de las obras precursoras de su visión de lo real, de su exploración de lo que hay más allá del mundo imaginario que vemos, y la astuta y malvada Madame de Merteuil es, sin duda, un ejemplo de alguien capaz de ir más allá de las apariencias y lograr llegar hasta el fondo de los deseos humanos para sacar partido de ellos. Una vez más, Aira considera al malvado como a ese ser visionario que ve donde otros no ven, que es capaz de mirar al abismo y esperar a que este le devuelva la mirada.
De todos modos, conviene no lanzar las campanas al vuelo. Pese a la fascinación que el villano ejerce en la mirada del autor, esto no quita que él sea capaz de llegar hasta las últimas consecuencias de sus actos. “El villano es el que toma la iniciativa; el héroe (es decir, la policía) sólo reacciona. Y la experiencia nos enseña que la ventaja está siempre del lado de la reacción, no de la acción.” La asociación el héroe con el orden establecido –lo Simbólico- no es casual. El villano sigue buscando esa hendidura que le sirva para deshacer el imaginario común.