Casi desconocido en España, a Walsh se le ha intentado introducir como el anti-Borges, porque, frente a la literatura elitista y bibliófila de este, Walsh fue un autor que, desde sus comienzos, escribió sobre y desde la calle. Periodista de primer orden, siempre cercano a los desfavorecidos, su narrativa es tan exigente como la de Borges.
Pero, frente al frío tallado de los textos borgeanos, los de Walsh logran tener tantas lecturas y densidad sin renunciar, en ningún momento a hablar de los miedos, deseos y sentimientos de los seres humanos, y más especialmente de los desposeídos, de los que no tienen otra cosa más allá de a ellos mismos. Lo que resulta extraño es que la editorial no haya publicado los tres cuentos del libro –extraídos de distintos libros del autor- en el orden lógico de los mismos, ya que están relacionados.