No fue el primero que lo hizo, pero sí el primer yanqui que lo logró con acierto, y eso siempre da más puntos que ser kazajo para pasar a la posteridad. El escritor sale a la calle para buscar la historia, en este caso el asesinato de toda una familia, y aplica las técnicas periodísticas al método narrativo convencional con el objeto de ir un poco más allá del reportaje y narrar hechos reales con estilo y exigencia literarios.
El resultado de la intensa y turbadora investigación que realizó tanto en el escenario de los hechos como en entrevistas con los asesinos, y de la dura redacción del libro, procesos de los que nunca se llegó a reponer totalmente, permitió al “enfant terrible” –hasta en su vejez siguió siéndolo- de la literatura estadounidense lograr su obra más famosa. En la nueva traducción de Zulaika suena todavía más vibrante.