Hará cosa de dos o tres años, hubo en los medios un conato de revolución merced a una nueva escena estructurada en torno a grupos como Delorean o It’s Not Not y con el auge del punk funk como telón de fondo. Ha pasado el tiempo y los grupos mencionados siguen siendo de lo mejorcito del panorama nacional, pero otros han asaltado las salas de conciertos, las descargas de internet y, en menor medida, pillines, las tiendas de discos.
Son bandas de nuevo cuño, la mayoría con un recorrido de dos o tres años, integradas por chavales con algo menos o algo más de 30 y que, a esta edad, parecen haber llegado a una madurez personal y artística que les permite entregar piezas musicales dignas, muy dignas de mención. Son dispares en su sonido y en sus referencias, desde el pop electrónico de Dorian pasando por el rock musculoso de Frida o el punki pop de Grande Marlaska, el abanico es amplio. Pero les une una misma pasión por la música, reflejada en cómo luchan contra los elementos materiales para mantenerse firmes en su vocación. Algunos son mejores grupos que otros pero todos son, y va sin un peloteo que no necesito, pequeños héroes. No hay otro nombre para describir lo que significa ser indie (o artista a secas) en España.
BIGOTTExiste desde: 2000 /
Página web: www.junkrecords.es /
Miembros de la banda: Borja (voz, guitarra y lo que le echen) /
Influencias: Johnny Cash, Calexico, Iron&Wine, Rimbaud (el poeta) /
Sello: King of patio.
Su música suena triste, soñolienta, a ratos incluso desesperada, se llama Borja, canta en inglés y etiquetas (siempre dichosas) podrían caerle muchas, desde folk espacial pasando por slowcore de frontera. Canta de forma grave, muy a lo Johnny Cash, titula a su último disco “The Sentimental Sandwich” y cuando uno habla con él, se olvida de todo eso y más bien tiene la impresión de hablar con Charlie Rivell: “Pero si yo soy un desgraciado. Los críticos me comparan con peña como Bonnie Prince Billy y cosas así porque no tienen ni idea”. Rara avis de la escena española, en cualquiera, en realidad, incluso me cae un moco cuando le llamo outsider: “¿Lo ves? Es lo que te decía, me llaman así los que no tienen ni idea”. Se autodefine como un “especialista en vivir del cuento, o sea, no trabajo y cada día está más gordo” y aunque gente de Tachenko o La habitación roja participaron en ese “Sandwich” dice que “yo no colaboro con nadie. Son todos malísimos”. Pedazo colega.