Skate Longboard En esencia, un longboard es la misma cosa que una tabla de skate común y corriente. Tiene mayor superficie en la propia tabla y es mayor la envergadura de los ejes, también las ruedas son de mayor diámetro y anchura, con la intención de disfrutar de una mayor estabilidad y comportarse aceptablemente en pavimentos irregulares. Las tablas largas se deslizan a mayor velocidad y controlarlas es mucho más fácil. Todo es más lento y suave con el longboard pero no pierde, por ello, emoción ni posibilidades. Siendo más asequible el aprendizaje del longboard, la diversión empieza mucho antes. No son necesarias largas tardes de práctica para conseguir el ansiado, y necesario, ollie: El pequeño salto que debe efectuar la tabla, aparentando estar pegada a las zapatillas del skater, y que supone la base técnica, el truco fundamental imprescindible para empezar a controlar el skateboard. Esta habilidad técnica especÃfica permite desde saltar un bordillo camino de la escuela hasta los vertiginosos malabarismos pedestres que los profesionales efectúan en el filo de una rampa, pero no es imprescindible para rodar en longboard. El origen es el mismo. En la costa oeste californiana, se aburrÃan de atender la cÃclica cadencia impuesta por la ola, le instalaron ruedas a una tabla de surf y se apropiaron del asfalto de las calles y el cemento de las piscinas vacÃas y los parques públicos. En aquellos años cincuenta, por imitación, empezaron con las tablas largas y los descensos colina abajo. Con los avances en diseño y en materiales, las tablas se fueron reduciendo y sus prestaciones mejoraron significativamente, obteniendo mayor precisión y control. Primero interesó la gravedad con la que una pendiente empinada te regala velocidad y después le añadieron la excitación tejida entre la inercia y el obstáculo. La diversión que resulta de la capacidad técnica de sortear cualquier barrera o desnivel. El objetivo siempre fue navegar la ciudad. Surfear. Patinar. La tabla como medio de transporte y como seña de identidad. Ocupar la ciudad con actitud desafiante, lúdica pero rebelde. Como cualquier otra tribu urbana, el skater ha tenido que hacerse hueco en la ciudad. Más o menos perseguido, el patinador ha reivindicado -y desgastado- los bordillos, los bancos y las barandillas de los espacios públicos que le han sido, y todavÃa, le son prohibidos. RebeldÃa juvenil, como no podÃa ser de otra forma. Hoy, la escena skate termina de consolidarse, de madurar. La ciudad empieza a asimilar al ciudadano sobre ruedas, le concede sus propios espacios en forma de skate park u otro parque cuyo mobiliario urbano plantee un reto. Y se multiplican estos lugares donde patinar: el spot. Además el patinete de grandes dimensiones atrae a un público algo mas crecido. El longboard ha encontrado en su propia cadencia, en el flow, un público entre los veinte-y-muchos y los casi-cuarenta dispuesto a rodar la ciudad o a salir de ella para recorrer carreteras secundarias hasta encontrar la cuesta o la curva perfectas. Y el longboard, menos agresivo y menos exigente en cuanto a capacidad fÃsica, mucho más intuitivo, definitivamente se reconcilia con las chicas. Más info: www.UfoLongboards.com · http://LongboardGirlsCrew.com · www.perropro.com · www.juanrayos.com Texto: Christian Osuna. Foto: PerroProd |
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