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FRANK KALERO (Cambrils, Tarragona, 1975)

Crítico, irónico, Fran Kalero se abandona a la vida cultural de Berlín con media docena de nombres y en otras tantas disciplinas mientras prepara otro viaje a la Amazonia. Estudió Comunicación Audiovisual en la Pompeu Fabra y luego pasó por Fabrica, el Internacional Centre of Photography de Nueva York y el Bethanien Kunstlerhaus de Berlín, siempre con becas. Fundó la galería Invaliden1 junto a “destacados vividores del panorama artístico español”, en sus palabras. Asesora a varias publicaciones, dirige OjodePez.org y prepara la apertura en Sao Paulo de Vice Brasil, insignia de la fotografía documental llevada al extremo. En cuando consiga financiación, volverá al Amazonas.

¿Es la fotografía un “arte sostenible”?

La fotografía es un proceso individual y narcisista que no satisface las necesidades actuales sin comprometer las de generaciones futuras. Pero encasillar la fotografía sólo como arte es menospreciarla. Es mucho más que eso, es incluso útil.

¿Qué puede hacer el tándem arte y sostenibilidad?

Nunca he encontrado un cambio sustancial en la historia que esté directamente vinculado al arte. Lo único que han conseguido los artistas ha sido generar de vez en cuando debates sociales, pero en las esferas burguesas, sectores que disfrutan con el debate en tanto en cuanto se genere en el marco de una cena. El tándem lo único que puede hacer es las cosas más bellas, en definitiva complementar la realidad.

Vives en Berlín… ¿hay que irse fuera para respirar nuevas ideas?

Nunca entró en mis planes ir a una ciudad alemana, y ahora no la dejaría por nada. Aquí te olvidas del reloj y de repente descubres a una personita, hecha mierda, dentro de ti, de la que no tenías noticias desde que te meabas en la cama, y empiezas a cuidarla. Pero actualmente vivo entre Berlín y Sao Paulo.

Ni pensar en España…

En España se puede respirar muchas ideas. Lo malo es que no es más que una pose, es el resultado de una política cultural y, en el caso de Madrid, de un planteamiento económico desesperado por hacerse pasar por Europa. Es el concepto del nuevo rico aplicado a las instituciones. Te dan de todo y casi gratis, teatro, cine, exposiciones, seminarios, pero cuando sales de ellos te sientes como si te hubieses ido a tomar un café a El Corte Inglés.

La fotografía documental, ¿ha dejado de ser exclusiva del fotoperiodismo?

Gracias a Dios. Empezó como fotoperiodismo porque eran los periódicos los que necesitaban esa información visual. Pero el documento es algo más que información. Es atemporal, algo que habla de los rituales humanos que se repiten hasta la saciedad. Cambian las caras, los nombres y las fechas, pero el resto, lo que se repite, eso es el documento, lo que nos tendría que ayudar a mejorar esta especie de primates con conciencia.

En fotografía documental, ¿qué se ha hecho y qué queda por hacer?


La única regla del vanguardismo era no respetar ninguna regla y la fotografía documental no sólo lleva cien años respetando reglas sino que se ha dedicado a perpetuar estereotipos. Ahí están esas fotos de niños muertos de hambre en África, parece que hace 50 años que estamos viendo la misma foto. Y lo peor, cuando un fotógrafo joven se va de safari fotográfico humanitario a un país en desarrollo, este no se dará por satisfecho hasta que consiga una foto que rezume a Sebastiaô Salgado. Son pocos los vanguardistas.

¿Y qué queda?


Quizás dejar de pretender que vamos a cambiar el mundo con nuestras fotos y empezar a disfrutar haciéndolas. Tal vez en ese momento empecemos a contar cosas interesantes.

PORTADA I making off

Cayré significa luna llena en uno de los dialectos indígenas de la amazonia. Tiene tres años, vive con sus padres en una cabaña, en Alter do Chao, un pueblecito con playas de agua dulce en las orillas de uno de los afluentes del rió Tapajós, que es a su vez afluente del Amazonas. En la foto esta sosteniendo una piraña recién pescada por él mismo para el almuerzo. Cuando cayó el sol nos fuimos a cazar jacarés (un tipo de caimán) para la cena. En teoría el IBAMA prohibió su caza hace años, para que la especie se recuperase, pero se olvidaron de levantar la prohibición y ahora hay miles. Se comen las gallinas y los perros, están por todas partes. Los indígenas pueden seguir cazando, es parte de su tradición. De hecho a ellos no les gusta su carne, la usan para alimentar a los perros y a las gallinas. Nosotros terminamos cenando uno, me sorprendió que sólo se come de ellos la cola, el resto se tira (a los perros).  


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Por Patricia Reguero
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