Nombre completo: Manuel Estrada Pérez Fecha y lugar de nacimiento: 1953, Madrid Profesión: Diseñador. Creó su propio estudio en 1989. Ha recibido el Diploma del European Club of Directors Arts, un premio Laus, tres premios de la Asociación Española de Profesionales del Diseño. Son suyas, por ejemplo las gráficas de la Organización de Estados Iberoamericanos, Casa Pasarela o del Museo del Traje. Ha realizado una gran variedad de trabajos en el ámbito del diseño editorial, incluidos el logotipo de El Duende y la portada de esta edición.
¿El viaje que cambió su vida?
“La Odisea”, mi obra literaria preferida. Es un viaje de ida y vuelta, de ida para lograr unos objetivos y un duro viaje para retornar al hogar. Y tiene esa proximidad con nosotros por el Mediterráneo. Con los dos viajes que más me identifico son precisamente los de Ulises y Jasón.
¿Y un diseñador?
Me interesa el diseño como un oficio de riesgo, pero no de riesgo “tonto” como el puenting, sino inteligente, en el que en la medida en que uno se arriesga las cosas que consigue son más potentes. Como referencia de diseñador arriesgado está Paul Rand, alguien que no se ha mantenido aislado en su isla a salvo de las sirenas ni de los peligros de atravesar el mar del mercado. En cualquier momento puede volcar tu nave.
Se dice que un abogado debe defender incluso al diablo, un diseñador ¿se debe al cliente?
No. Se debe a sí mismo, a sus ideas, como todos. La fidelidad es para nuestra familia y nosotros mismos. Hay que actuar con honestidad y profesionalidad, pero el “todo por el cliente” te lleva al “todo por la pasta”. Hay que saber enfrentarse a encargos complicados que pueden estar bordeando algo que no te interese. No debes defraudar al cliente ni imponerle tus soluciones, pero no puedes acabar haciendo lo contrario de lo que piensas. Es tu autodestrucción. Creo que hay culpables a los que nunca defendería como abogado.
Un viaje iniciático lleva a la madurez, ¿en qué etapa se encuentra ahora?
Me considero joven. Ahora tengo la madurez para decir lo que pienso y sigo manteniendo la misma energía que tenía con 18 años, y no es un tópico. Por eso me complico la vida. Creo que se debe seguir así dentro de las limitaciones físicas de la edad. Un buen ejemplo es el de Milton Glaser (que con 76 años sigue en activo y siendo uno de los más importantes diseñadores del mundo), quien le decía hace poco a un amigo común que pensaba morirse trabajando y haciendo las cosas que le gustan.
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