Como comisario español de la Bienal de Venecia, usted mismo se verá sometido a críticas. ¿Qué espera de las críticas que se le avecinan?
Que entiendan, acompañen y mejoren el proceso.
¿Sabe ya qué postura estética tomará en el Pabellón español?
El Proyecto para el Pabellón español de la Bienal de Venecia (2007) se ha pensado partiendo de dos ejes conceptuales. Por un lado, la idea de la positiva hibridación de las prácticas artísticas contemporáneas, y por otro: la propia idiosincrasia simbólica (cultural, ambiental, geopolitica e histórica) que la ciudad posee, especialmente a través de las re-lecturas de algunos referentes fundamentales de la cultura moderna (Ezra Pound, Friedrich Nietzsche, Marcel Proust) que contemplaron, pensaron y vivieron la ciudad de los canales como un paradigma de una creatividad y una vitalidad excepcional, capaz de aportar modelos de conocimiento y operatividad artística sumamente renovadores para las prácticas estéticas contemporáneas. Parafraseando a Nietzsche, diríamos que ante el complejo urbano y cultural que Venecia representa nos encontrásemos como ante un salto de alegría: una propuesta continua de flujos y potencias revivificadores, de expansión y productividad plenas; la vida, en fin, no tanto asumida como un estado cuanto como una permanente fluencia, un devenir, pero un devenir o una sucesión de acontecimientos cargados de júbilo o de jovialidad heroica. Es urgente convertir el desierto o el desplome de lo real en la alegría del suceder, restaurar al tiempo el fulgor del vértigo y de lo inaudito. Reinventar lo real. Como quien levanta una ficción fundamental, una ficción suprema, una nueva cartografía por donde circule un imaginario suficientemente poderoso.
La exposición sostiene, asimismo, una voluntad de estudio y despliegue de las formas o los modos de transformación de la percepción y del pensamiento de la Duración, o el Tiempo. Es lo que Marcel Proust denominó el tiempo recobrado. Esto es: apertura de la rememoración, la redención: la perfección de la belleza. En torno a este eje temático, circularían otros motivos relacionados, como la memoria involuntaria, la obra por hacer, la apropiación y la resurrección del pasado. La exposición, por tanto, nace bajo la inspiración de la poética híbrida de Pound: atenderá a la imagen (fotográfica, en movimiento), al gesto corporal, al sonido, la voz y la música. Nos interesa, asimismo, reflexionar sobre la imagen del paraíso, del paisaje salvado como un desgarrón en medio de la mortecina realidad. El paraíso como entallamiento fulgurante de luz poética: “El paraíso sólo existe en fragmentos inesperados” (Pound). El paraíso, en fin, como modelo de visión.
¿Esto en qué artista se traduce?
La idea que seguimos es la de una interdisciplinariedad ordenada de acuerdo a un proyecto común en el que trabajarán cuatro artistas de trayectorias, edades y ámbitos creativos muy diversos, pero que, en cierta medida, pueden ser convergentes. Así, en el caso del director de cine catalán José Luis Guerín (Barcelona, 1960), lo que este artista hace como cineasta, servirá y se potenciará en una nueva reubicación al territorio plástico y el espacio específicamente expositivo, o lo que la escritura poética como base o sustento de un pensamiento visual pueda aportar a la fotografía contemporánea, en el caso del fotógrafo gallego Manuel Vilariño (A Coruña, 1952). O lo que, en fin, el trabajo cercano a lo teatral, al uso de la voz y al gesto corporal pueda aportar en la trayectoria de artistas de la acción o la perfomance como Los Torreznos (dúo de artistas de acción residentes en Madrid), o la práctica instaladora que utiliza dominios muy diferentes (el tiempo, los cuerpos, los elementos naturales y los objetos, la luz) del joven creador Rubén Ramos Balsa (Santiago de Compostela, 1978).
Cita usted normalmente a Niestzche, pero también a Deleuze. ¿Estamos viviendo una década de pensamiento Deleuziano?
¿Por qué una década? Remedando un juego entre Deleuze-Foucault, el siglo XXI será deleuziano, o no será. Un filósofo lee los signos de su tiempo y formula conceptos que son trampas para capturar sensibilidades que flotan en cada detención temporal, esto es, en cada época. Y, si nos pusiésemos etimológicos, déjeme que le diga, a riesgo de ser pedante, que época, del griego epoché, significa justamente “detención”: es una vista – diríamos, y viene al caso, una veduta - sobre algo que pasa con una virulencia enorme. Sería como fotografiar una estampida de bisontes. Un gran filósofo es eso. Hemos de pedirle eso. Por ejemplo, los de mayor rango, Nietzsche y Deleuze entre ellos, desarrollan una sensibilidad peculiar frente a los signos, que les permite elaborar trampas en las que en una gran cantidad de tiempo, van sedimentándose contenidos. Es una función poetizadora del concepto... en el sentido, claro y etimológico,de poesía en tanto que creación. ..de mundos.
Usted mismo ha dicho que “el mercado corrompe” las vías artísticas hoy. Sin embargo, la crítica incide en la valoración de mercado de algunos artistas. ¿Cómo valora esto?
El valor de mercado existe, peor no puede ser ni el único ni el más elevado de los componentes de una obra. Las posibles perspectivas que abre sobre el mundo una reflexión intensa han de ser contempladas como formas complejas, mágicas incluso, de provocar otros espacios, otras formas de pensar. El mercado corrompe si es lo único que se ofrece ante una obra, transformando claramente su vitalidad en mercancía, en fetiche o en cheques al portador colgados en salones burgueses.
¿En qué modo la crítica influye a un artista? ¿Tiene la crítica el poder de hacer discurrir el arte por unas vías determinadas?
La crítica influye en el modo de hacer más intensas las lecturas de la obra. Al igual que la conversación, es el acompañar la labor creativa provocando más posibilidades. El artista mismo es crítico cuando lee sus obras y decide, desde lo que ha hecho, cuántas posibilidades contiene una obra y hacia donde debiera evolucionar la siguiente. El crítico hace, de forma apasionada, lo mismo, aportando un punto de vista más, sin jerarquización mediante la mediación en el mercado, es decir, sin imponer situaciones desde dinámicas de poder.