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Arquitectura Integrada
Orientextremo
Toyo Ito: se le considera uno de los primeros arquitectos “ligeros”: los que evitan la apariencia compacta y opresora de los edificios y abogan por su polifuncionalidad.
A estas alturas, resulta tópico subrayar la lucha eterna de la estética japonesa para congeniar tradición milenaria oriental con progreso técnico y socioeconómico a la occidental. Y, sin embargo, ese dilema apenas ha comenzado a solucionarse en los últimos años. Toyo Ito es uno de los arquitectos (junto a Tadao Ando o Itsuko Hasegawa, sus compañeros de generación) de la vía intermedia, como quien dice: aquellos que tratan de armonizar los principios de la modernidad racionalista con las soluciones emotivas de la arquitectura del pasado. Los que cuestionan la funcionalidad del brutalismo ingenierita que practican hoy estudios como Nikken Sikkei, pero que tampoco plantean una revisión nostálgica de la arquitectura tradicional japonesa, como hacen otros de la generación justo posterior a la suya, tipo Kengo Kuma.
Quizá todo esto sea así porque Toyo Ito no es japonés, sino coreano, aunque se formó en Tokio, donde vive. Ahora mismo se le considera uno de los primeros arquitectos “ligeros”: los que evitan la apariencia compacta y opresora de los edificios y abogan por su polifuncionalidad. El propio Ito ha reconocido cómo comenzó a abrazar un cambio en su trabajo a finales de los ochenta, cuando su intuición lo llevó a definir la arquitectura en parámetros de estado de ánimo más que de uso y función. Así, sus mejores creaciones son aquellas en las que el edificio se concibe como un parque natural: su utilidad se diluye en la estética de su composición y en las posibilidades para deambular sin rumbo fijo que fomenta. Aunque todo quede organizado.
En la obra de Toyo Ito se suceden los distintos niveles o planos de construcción. Los edificios se ocultan en su ambiente, o están provistos de capas externas de cristal y metal, o de orificios, que los adornan y desdibujan sus vértices. Siempre existen curvas que requiebran la linealidad, ondas en cubiertas, muros y paseos que aportan una sensación de fluidez de la mirada equiparable al paisaje natural aún cuando destacan o se cargan de monumentalidad. En esto, sus proyectos españoles son arquetípicos. Ito ha reconocido la influencia que ahora tiene la arquitectura de Gaudí en su trabajo, tras años de vehemente rechazo a sus parámetros. Se ha vuelto más orgánico, reconoce, aun cuando sea capaz de saltárselo a la torera.
Su primer proyecto en España será la ampliación de la Fira de Barcelona, con una cubierta redondeada que recuerda la doblez de un folio sobre sí mismo, un pabellón cúpula y dos grandes torres de estructura en forma de incipiente, no resuelta y hasta algo amorfa helicoidal. Sus otros dos proyectos son parques polivalentes. El de La Gavia (Madrid) es casi un ejercicio de paisajismo puro, donde todo camino deviene en meandro, fomentando la pérdida y el abandono a uno mismo. En Torrevieja, Alicante, prepara un Parque para la Relajación, una especie de complejo turístico sustentado en el uso terapéutico del agua. A modo de conchas y espinas de pescados varadas por una gran ola y semienterradas en la arena, Ito despliega tres pabellones, pero también organiza, en planos, sus vistas y las formas de acceder a ellos. No hay guías o condicionantes férreos: sólo puro disfrute.
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1
Por Guillermo Espinosa
Foto:
Revista 62 (15/03/2006 a 15/04/2006)
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