El graffiti es probablemente el movimiento artístico más internacional desde los tiempos del surrealismo. Con el desarrollo de las nuevas tecnologías, los caminos para la intervención urbana libre se están ampliando como nunca, aunque la base ideológica y operativa de sus ejecutantes mantiene más o menos los mismos parámetros.
De la originaria postura individualista del graffiti pictórico, o el ejercicio voluntariamente autorreferencial de la subcorriente Tag (esas firmas que abarrotan las paredes de todas las ciudades del mundo a modo de ejercicio de reafirmación personal) se ha llegado a una etapa de acción comunitaria que comenzó con las okupaciones colectivas de muros y solares abandonados en los noventa y que ahora toma forma en laboratorios experimentales de creación conjunta internacional y en acciones que, por el uso de tecnologías recientes, demandan la implicación de varios miembros coordinados en cada acción callejera.
El ejemplo más claro de todo esto, por su importancia experimental y su vocación transnacional, lo tenemos en Nueva York, a través de dos centros altamente imbricados que funcionan como laboratorios creativos, centros de investigación tecnológica aplicados a la creación libre urbana y núcleos de información para artistas callejeros de todo el mundo: The Graffiti Research Lab y el colectivo Eyebeam, literalmente “ojo de luz”.
Eyebeam surgió en 1997 en el barrio neoyorquino de Chelsea y sigue funcionando como un centro sin ánimo de lucro a modo de colonia de artistas, para el desarrollo de proyectos y la investigación en tecnología aplicada al arte. Dirigido desde 2005 por Amanda McDonald (directora durante un lustro del Australian Network for Art and Technology), la actividad de Eyebeam se centra en los laboratorios experimentales (tienen tres en activo: uno de desarrollo tecnológico, desde prototipos a software o servidores; otro de producción para proyectos y otro pedagógico sobre nuevas tecnologías) y en las residencias y becas para artistas que trabajen en el ámbito del arte multidisciplinar y el desarrollo de nuevas tecnologías y formatos, estimulando el avance del diálogo cultural.
Sus acciones e investigaciones no obvian ningún campo: desde el arte digital, el net.art y el videojuego, al arte urbano, la instalación o la tecnología interactiva. A partir del 1 de marzo y hasta abril, Eyebeam abre su temporada de exhibiciones y acciones en Nueva York bajo el título “Ciudad Abierta: herramientas para la acción pública”, una colectiva callejera de 12 artistas internacionales.
Asociada a Eyebeam está la sede del Graffiti Research Lab, un nexo de unión entre creadores avanzados de arte urbano de todo el mundo, que surgió como iniciativa de James Powderly, Evan Roth y Corey Arcangel, artistas y expertos en tecnología punta (Powderly, por ejemplo, trabajaba para empresas de robótica vinculadas a la NASA), y creadores de la última revolución del graffiti a través de la luz. Este laboratorio internacional, que cuenta con asociados en Alemania o Polonia, ideó el Led Throwie: pequeñas luces led (fuente lumínica de larguísima vida útil y bajo consumo) sobre placas magnéticas que, arrojadas sobre superficies metálicas, componen paisajes lumínicos abstractos. Precisamente esta es una característica de esta nueva vertiente del graffiti urbano: por ahora con los led throwies se actúa a la manera del action-painting americano, lanzando los puntos como si el proceso de lanzado fuera la verdadera materia del resultado visual. Son muestras de vida: de una vida asociacional porque los lanzados suelen hacerse en conjunto, y manteniendo el carácter libre y anti-autoridad del graffiti, a modo de acciones “vandálicas” sobre el espacio urbano. Es lógico que los primeros lemas creados con led throwies (los artistas sólo han creado por ahora palabras, con un dudoso resultado estético por el momento) sean del tipo “Throw leds, not bombs” (Lanzad leds, no bombas), asociadas al graffiti político y a las actitudes combativas de los grupos antisistema. El Graffiti Research Lab también ha dado soporte técnico para el graffiti efímero con puntero láser, que se realiza a través de un proyector capaz de barrer la fachada de un edificio de veinte plantas. Para este graffiti momentáneo se escoge un edificio exento (para que el barrido se concentre sólo en su fachada) y sobre él se dibujan tags, lemas y graffitis a tiempo real que rápidamente son sustituidos por otros. El resultado se puede ver a kilómetros de distancia, y el proyector viaja en una furgoneta que desaparece en cuanto la policía aparece.
Para más información, visitad www.eyebeam.org y www.graffitiresearchlab.com.
EyeBeam y el Graffiti Research Lab organizan un taller para jóvenes sobre Led Throwies · 31 de marzo y 1 de abril · Laboral Centro de Arte y Creación Industrial de Gijón (Universidad Laboral, s/n. T. 985 185 577 www.laboralcentrodearte.org)