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Artesanía del engaño
Me gustaría leer a Tagore en su idioma original, pero como no lo conozco...
El doblaje en el cine español
"Prefiero la versión original. Y me gustaría leer a Tagore en su idioma original, pero como no lo conozco, tengo que utilizar las magníficas traducciones de Zenobia Camprubí. ¿No es lo mismo que se hace en el doblaje? Traducimos las películas que no se entienden en el idioma original". ¿Y los subtítulos? "El subtítulo ahoga, ¿cómo voy a ver Hamlet con subtítulos? No se puede leer y ver la obra al mismo tiempo. Además, los subtítulos acortan las frases y no reflejan la realidad del guión como lo hace el doblaje".
Lo dice Salvador Arias con su voz grave y la seguridad de un patriarca. Lleva más de 50 años frente a una pantalla, dirigió el doblaje de la mejor película de la historia (Citizen Kane) y fundó hace casi 30 años la escuela más famosa del gremio.
Al pequeño estudio de Salvador Arias se accede por una puerta de madera tronada. El interior es igual de anacrónico. Y atractivo. Poca luz, humo, celuloide y un proyector antiguo que plasma sobre la pantalla imágenes en blanco y negro ("normalmente las productoras no mandaban copias en color para ahorrar dinero" revela Salvador). Allí el profesor Arias sienta cátedra de sincronía e interpretación, con alguna que otra escapada literaria entre los takes (tomas de aproximadamente 30 segundos, en las que se divide un doblaje). Sus alumnos escuchan embobados e intentan colocar su voz en los labios del protagonista. No pueden despistarse. Cada segundo son 24 fotogramas. Si se adelantan 2 fotogramas, la toma ya no será válida. Sin embargo, más importante que la sincronización, es la interpretación y el estudio del personaje. "Somos actores de doblaje, no dobladores" insiste Salvador.
Arias es la historia viva del doblaje español. Pocos años antes de su primer trabajo como actor de doblaje, en 1940, el gobierno de Franco decretó una ley por la que quedaba prohibida la proyección cinematográfica en otro idioma que no fuera el español. Fue un impulso definitivo a un negocio que ya contaba con el beneplácito de las grandes productoras de Hollywood.
Desde entonces, el espectador español se ha acomodado progresivamente al dulce engaño del doblaje. Su oído ya está habituado a la voz áspera de Rogelio Hernández (Jack Nicholson, Paul Newman, Marlon Brando, etc.) o a la carraspera de un antiguo alumno de Salvador Arias, el hoy célebre Ramón Langa (Bruce Willis).
Por Gabriel Guilén
Foto: Pilar Jiménez
Revista 48 (15/11/2004 a 15/12/2004)
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