|
[ Noticias y Destacados ]
|
|
|
|
|
|
|
[ Revista y Sumarios ]
|
|
|
|
|
[ Otros Enlaces ]
|
|
|
|
|
|
[ Inicio - Revista . Primer Plano ]
|
Burlas y disparates
“Ignatius adquiere en el acto una expresión caníbal, la baba le cae en el jersey ”
Ignatius Reilly y el Quijote
El Duende les ha citado en el McDonald’s de Gran Vía, esquina con Montera. Don Quijote viste pantalones vaqueros un tanto sobados y chaqueta a cuadros de sport. El gordinflón atrabiliario parece que tuviera la figura descompuesta, está amedrentado ante la talla universal que tiene enfrente y lo primero que ha hecho después de mover el mostacho es despegar de su cráneo la gorra verde de cazador en símbolo de respeto (quién lo diría).
Caminan Montera abajo cuando dos mujeres de la vida se dirigen a ellos llamándoles guapetones, Ignatius adquiere en el acto una expresión caníbal, la baba le cae en el jersey mientras admira a las bellezas hispanas.
El Caballero de la Triste Figura baja hacia Sol dándole al chico de Nueva Orleáns una perorata sobre Sodoma y Gomorra cuando topan con un puesto amarillo que ofrece información municipal. El ama de casa que les atiende piensa que a esos dos locos hay que mandarlos lejos y les envía a Batán, al Parque de Atracciones, que “a mis niñas les encanta”.
Don Quijote admira en cada atracción lo que su entendimiento convierte en fortalezas de caballeros andantes mientras que Ignatius se ha fijado en una oronda rubia desde que entraron. La chica hace cola junto a su novio para entrar en el Túnel del terror. Se pegan tras la pareja e Ignatius olfatea a la desprevenida gordita.
Ya dentro, avanzan alentados por la voz que les da la bienvenida hasta que ven algo moverse en una esquina; el joven estudiante de Filosofía que encarna a Ed Gein, el malísimo que inspiró La matanza de Texas, entre otras escabechinas, muestra una cara desfigurada y greñas a mechones entre las que no le pasan desapercibidas un par de actitudes extrañas.
El grupo avanza con Ignatius pegado a la rubia cuando se dispara un ruido atronador de sierra eléctrica y Gein blande su arma mientras abre las piernas para contornearse y dar más dramatismo a la cosa. El hidalgo se le acerca como tímido, entre el griterío unos ojos se humedecen dentro del macabro disfraz ante la mirada del Manchego, que le indica algo en el techo para asestarle tal patada en la entrepierna que le tumba de espaldas con sierra y todo.
Ahora el griterío es mayor aún, se confunde con risas histéricas e Ignatius corre detrás de la rubia que tropieza y va al suelo; Ignatius sabe reconocer el momento y se lanza tras ella para coger con sus manazas las anheladas nalgas en la oscuridad –la gordita grita ahora como una coneja-, justo en el momento en que todo el lugar se ilumina y aparece una hermosa azafata que va en busca del lastimado Eddie, que piensa en Voltaire para olvidar el dolor. Don Quijote se interpone y le reclama la mano, se la besa y le dice: “La sin par Dulcinea del Toboso, señora mía, es por vuesa merced que he derrotado al mal una vez más”.
ir a página:
1
Por Ignacio Sierra
Foto: Aurelio Lorenzo
Revista 52 (15/03/2005 a 15/04/2005)
|
|
|
[ Tienda El Duende ]
|
|
|
|
|
[ En esta entrega ]
|
|
|
|
|
[ Comentarios ]
|
|
|
|
|
[ Más Duende ]
|
|
|
|