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CRISTINA LUCAS
En construcción
A la carta
Al día siguiente la parada fue en un restaurante rústico, junto a un antiguo campamento militar, uno de los espacios donde se desarrollaba la Bienal, en mitad de un paraje tropical, un Oasis en un país en el que el “progreso” es el motor de la vida diaria de la población.
Mientras nos traen una sopa picante y unas verduras similares a espinacas hablamos de Singapur como país de extraña identidad, casi artificial, y que goza de la riqueza cultural que le proporciona la diversidad de razas y orígenes de sus gentes pero al mismo tiempo le impregna de vacío y falta de raíces. Hablamos sobre otro de sus trabajos “En construcción”, para el cuál había estado inmersa en una larga y exhaustiva investigación sobre cómo se habían formado los distintos estados a lo largo de la historia.
“Comencé pensando en el recuerdo de lo distinto que era el mapa político cuando lo tenía que estudiar en el colegio, y de cómo los mapas cambian con los conflictos bélicos. Revisando año tras año lo sucedido en el mundo, tomé la decisión de animar estos cambios.
Así pues, en su obra, cada año transcurre en un segundo, cada mancha de color representa un Estado y cada cambio de color o tamaño indica o un cambio de gobierno o una invasión, así de fácil.
¿Y cuál es el título? pregunto, sin prestar atención al picor que me abrasaba la lengua.
“Pantone”, que significa todos los colores. Comienza en el año 500 antes de Cristo, cuando cartagineses, griegos, persas y chinos tienen identidades bien definidas. Pero es extraordinariamente abstracto y difícil de identificar, son manchas muy pequeñas en una superficie blanca y muy grande en proporción, que va creciendo como un virus que se propaga por toda la superficie hasta que apreciamos con facilidad que se trata de nuestro mundo político. No hay nombres, sólo manchas que cambian de tamaño y color. Un dibujo resultado de miles de guerras. Hay un contador en la esquina inferior derecha que indica el año con toda la exactitud de la que he sido capaz”.
Ámsterdam. octubre ‘06. Restaurante italiano cercano a la Rijksakademie, una de las residencias artísticas de más prestigio, donde Cristina tiene actualmente su estudio. De almuerzo, un Lambrusco y una deliciosa pasta acompañada de otra de sus aún más deliciosas historias. Ahí comenzamos a hablar de “La movida”, y de cómo en aquella época el destape estaba a la orden del día, pero las declaraciones de autonomía femenina no. Y así surge el germen de un vídeo, en estado embrionario, a raíz de la historia de las Vulpess, con esa ternura que despierta el recuerdo de esa panda de adolescentes que pretendían saltarse cualquier tipo de regla moral, desmembrando el clásico rol de la mujer, como esposa y madre, con aquel pegadizo estribillo de... “me gusta ser una zorra...”
“¿Recuerdas? Fue tan triste el ajusticiamiento público al que las sometieron las vacas sagradas de la época que no fueron capaces de superarlo”, se lamenta. “Claro, una amante no atentaba contra el orden familiar-tradicional masculino, pero una señora autónoma sí”. Hoy día Las Vulpess (las tres que quedan) son madres y Cristina está preparando un vídeo basado en la fugaz e inesperada trayectoria de este grupo de música punk femenino de la España de los 80, toda una provocación a la moral establecida.
Por Blanca de la Torre
Foto: Pantone
Revista 69 (15/12/2006 a 15/02/2007)
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