La pasión de Cristina Rota por su profesión y por la vida, y su gratitud a los que le enseñaron abraza una conversación en la que, su alumno, Raúl Arévalo, se mantiene atento, asiente con la cabeza y manifiesta la emoción que le produce volver a escuchar a su maestra preguntándome ¿No te fascina conocer a gente de la que se aprende tanto?
Cristina Rota (CR): Todos nacemos, nos formamos, nos educan y tenemos dones para determinadas cosas. No se pone en duda que una persona se tiene que formar en música, danza… No existe el auto didactismo del que algunos hacen gala. Falta una universidad de teatro que dignifique la carrera del actor y con formación integral. El actor tiene que preparar toda su vida el cuerpo y para eso necesita profesor, referente… solo no se puede preparar. Raúl Arévalo (RA): Es absurdo pensar que no hay que formarse; es una carrera de fondo. Al igual que un músico, un actor tiene que estar entrenando siempre.
¿Cómo es el método de formación?
CR: Cada profesor tiene uno. Así como estoy formada en filosofía, música, disciplinas corporales y teatro en si, otros tienen formaciones de distinta índole. Lo que uno tiene es un sistema como absolutamente todas las carreras. Mi método de trabajo se apoya en un sistema, y un sistema es ideológicamente abierto. El de Stanislavsky ha ido cambiando a medida que el hombre fue aprendiendo nuevas cosas y agregando a su bagaje cultural nuevas posibilidades: corporales, de instrumento y de gusto.
RA: Cada uno tiene su sistema, pero la gente lo critica. Sale Javier Bardem, le consideran el mejor actor, está de moda; se enteran de que estudia en una escuela de método y ya está bien. Son modas. ¿Actores de ahora grandes? Al Pacino, De Niro y Hopkins. Vienen de escuelas diferentes, pero no sé quién es mejor. CR: No vienen de escuelas diferentes porque Hopkins es admirador de Brando, va al Actor´s y muestra sus trabajos igual que Peter O’Toole y se cruza el océano para que le vean. Ya no hay esas distancias que la gente quiere crear. RA: Eso es. Ese es el problema.
¿Qué te llevó a entrar en una escuela?
RA: Tenía que formarme; una vez que empecé, entendí que tenía que formarme más y que tenía que hacerlo durante toda la vida. Es algo que llevo dentro, necesito actuar, ya sea en películas o teatro; y a partir de ahí, necesito formarme. Lo de la escuela fue un poco por casualidad y luego ha sido fundamental.
Y los rodajes, ensayos…
RA: Lo tomo todo como un aprendizaje, lo bueno y lo malo. Escuela, teatro, televisión, cine, cursos…me lo tomo como un crecimiento constante. Todavía me noto como un bebé, estoy empezando a aprender muchas cosas. Las generaciones jóvenes valoran la figura de Marlon Brando pero no se fijan en la formación. El periodista que escribió su biografía se quedó alucinado cuando Brando hablaba de física, Historia, matemáticas, arte, actuación…no paró de formarse en toda su vida, y eso al final se nota. A la gente le gusta quedarse con el resultado y con la figura. Ahora si no tienes éxito al momento eres un mierda. La gente joven que va a las escuelas con el rollo que les han vendido programas como Operación Triunfo o Factor X, y es triste. Hoy Brando sale en las revistas como el mejor actor del siglo porque así les gusta etiquetar a la gente.
CR: Necesita decir quién es el mejor futbolista, físico, novelista, actor… es que no lo hay.
Fama/profesionalidad.
CR: Las revistas se llenan creando caras nuevas que luego tiran para crear otras. El actor es ese ser tan morboso, sensitivo y preocupado por la sociedad en que vive que quiere cambiar la realidad, subvertirla y entregar lo mejor que tiene para revelar conflictos humanos, los conflictos del alma humana. Para eso no tiene que ser culto pero sí, por lo menos, curioso de la vida, es lo mínimo que se le puede pedir.
¿Cómo enseñarlo?
CR: Desde pequeña me hice muchas preguntas, y siempre me gustó la pedagogía. Todo lo que hice fue en función del teatro. Siempre quise cambiar el mundo y la enseñanza era un arma extraordinaria para ello. Hasta los más reaccionarios saben que la enseñanza es un arma extraordinaria para hacer crecer el alma, abrir la mente y el corazón humano. No enseño nada pero sí oriento. Mi objetivo es dar tantos temas y preguntas que no paren por el resto de su vida para contestárselas. Yo le tengo muchísima gratitud a la relación maestro-alumno. Tuve un maestro, Pichón Rivièrey, que venía a ver las obras con los tubos con suero y calmantes porque tenía cáncer. Eso es un maestro, y sus libros todavía hoy revelan cosas. Cómo no voy a tener ganas de dar lo que me dieron. Estoy convencida de que la formación es importante y que no existe el autodidactismo. Me podría considerar autodidacta si fuera necia e ingrata.
¿Cómo lo asimilas?
RA: Me llega a cuentagotas, cada día me voy dando cuenta de cosas que escuché hace cinco años de Cristina.
*Raúl Arévalo actualmente está rodando Los girasoles ciegos de José Luis Cuerda. El 7 de septiembre se estrenó Tocar el cielo, de Marcos Carnevale.