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David del Puerto y Javier Arias Bal

DAVID DEL PUERTO y JAVIER ARIAS

Primer plano. El jardín de Akademus

MÚSICOS COMPROMETIDOS CON SU TIEMPO

Pocas veces son reconocidos por la calle pero son dos de nuestros compositores vivos más interesantes, David del Puerto, Premio Nacional de Música 2005, y Javier Arias Bal, muestran su inconformismo y su deseo de hacer música que interese a la sociedad en la que viven, mirando con cierta “envidia” a otras músicas como el jazz o el rock, que han sabido crecer junto a su público.  

Aunque comenzaron rememorando los momentos en que fueron profesor y alumno, pronto su conversación derivó hacia reflexiones sobre el mundo musical y sobre la presencia de este arte en nuestra vida.

No son un caso típico de profesor y alumno, para empezar porque tienen exactamente la misma edad, nacidos ambos en 1964 uno en Madrid y otro en Lugo, y también porque nunca han seguido el formato clásico de lección. El encuentro entre ambos fue casual, cuando Javier ya casi había desistido de encontrar a la persona apropiada para enseñarle composición y estaba a punto de volver a Galicia, un amigo común, el también compositor Canco López, le sugirió conocerlo y llegó hasta David como último recurso. En él encontró exactamente lo que necesitaba para cumplir su sueño de dedicarse a la composición musical.

Recordando esta anécdota ambos vuelven los ojos más de quince años atrás, cuando empezaron a sentir que necesitaban encontrar un camino propio en la música, que no iba por las líneas marcadas por la hegemónica Alemania. La llamada música culta se había equivocado profundamente al dar la espalda al público, del que se había alejado de forma drástica y al que pretendían exigir esfuerzos que van más allá del objetivo último de la música que debe ser el placer de la escucha. Javier, sin saberlo, había encontrado en David a un profesor que “no iba a enseñarle las normas de la armonía sino que lo haría profundizar en lo complejo del hecho musical”. La conversación socrática, como un “espacio para la reflexión” fue su mejor herramienta de trabajo, que todavía hoy siguen utilizando, aunque ya tienen superada la etapa de maestro-alumno, ahora convertidos en colegas que se alimentan mutuamente.

Al hablar de su trabajo como compositores no dejan de mostrar una cierta decepción con los derroteros que ha seguido la llamada “música culta”.

Ellos están convencidos de que la situación actual es totalmente diferente de la de hace treinta años, ha cambiado tanto el mundo como para que las categorías de la música ya estén muy limadas, hay muchísima gente que no se puede catalogar dentro de las líneas tradicionales, eso hace que se casi imposible el ponerle nombre a su música o a su trabajo. Su principal objetivo hoy es la comunicación con el público. Desde hace muchos años estaban convencidos de que había algo que no funcionaba en la música contemporánea, era “como una cáscara vacía llena de ingenio, de talento, etc... pero todo eso en el fondo solo significa que está llena de nada”, dice David, aun sabiendo que esas palabras pueden resultar polémicas.

La “Neuemusik” ha perdido totalmente la relación con la sociedad, son como “marcianos que flotan al margen de la realidad”. Javier ahonda en la cuestión diciendo que siempre se ha dicho “que era cuestión de educación, que la gente estaba preparada para otras músicas, bastante complejas, pero no lo estaba para esta música de vanguardia, o lo que es aún peor, que había que acostumbrarse, como si fuera un esfuerzo la escucha, pero esto no es real porque países en los que la educación musical es tradición, como Alemania, están teniendo el mismo problema de alejamiento y desaparición del público”. Por eso ellos creen que el camino se encuentra en dejar de vivir como en una burbuja, gracias a las subvenciones estatales que permiten que el suyo sea un trabajo que no tenga que responder con beneficios reales. Javier está convencido de que “hay que potenciar la industria, las infraestructuras y no subvencionar directamente al compositor”. La música contemporánea no puede seguir creyéndose diferente del resto de la industria musical, por encima del bien y del mal. Hay que recordar que la música es un objeto de consumo y tiene que crearse en relación con la sociedad en la que vivimos, aprendiendo en muchos casos de otros lenguajes artísticos que viven mirando a su público y evolucionando en función de este.

Por eso concentran su trabajo en este sentido, Javier está colaborando en este momento, hasta septiembre, en el programa de la Cadena Ser “Hoy por Hoy”, haciendo llegar la música en la que cree al gran público y ambos creen que con sus obras es como mejor pueden hacer cambiar la imagen de la música. Entre sus proyectos inmediatos David su tercera sinfonía en el Otoño Musical Soriano, una obra homenaje a Antonio Machado con José Sacristán como recitador, además de otros encargos en Turín, Valencia o Cadaqués y Javier está componiendo un concierto para orquesta y percusión, instrumento especialmente interesante para la modernidad, precisamente porque acepta sus influencias de otras músicas, tradicionales y populares de forma clara.


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Por LETICIA MARTÍN-RUIZ
Foto: MARIONA VILLAVIEJA
Revista 77 (15/09/2007 a 15/10/2007)


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