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Knitta, Please se ha lanzado a las aceras de la ciudad para abrigarlas con coloristas grafitis confeccionados a partir de prendas de lana.

DE LA OVEJA A LA CALLE

Arte urbano

Knitta, Please

Knitta, Please se ha lanzado a las aceras de la ciudad para abrigarlas con coloristas grafitis confeccionados a partir de prendas de lana. La moda llega a la calle, literalmente. 

Akrylic y PolyCotN son los nombres de guerra de las cabecillas de Knitta Please, movimiento de artistas callejeros que inició su andadura en Houston en agosto de 2005. Sus acciones, dentro de lo que ellas califican como graffiti knit, surgieron de la insatisfacción que estas dos mujeres sentían frente a las numerosas prendas de lana que dejaban a medio tricotar. Nunca sabían qué hacer con ellas. Una bufanda que no llegaba ni para abrigar a una barbie, un guante con sólo tres dedos o tres cuartas partes de un jersey pasaron de ser proyectos inacabados, motivo de frustración y escarnio, a convertirse en sutiles reivindicaciones de algo muy difuso, pero también bello.

“Knitta, Please surgió hace casi dos años. Al principio se trató de un movimiento limitado y poco definido, pero evolucionó hacia el ámbito del street art y pronto nos convertimos en un grupo de graffiti knit. La naturaleza masculina e ilegal del graffiti se combinaba en nuestras creaciones con las cadencias femeninas propias del ejercicio de tricotar. Somos un grupo de gente que teje y que promueve la armonía, la igualdad, la experimentación, y la aceptación (o el desdén) cubriendo con prendas de lana multicolores señales de stop o árboles.”

Lo que empezó como mero divertimento se ha convertido con el tiempo en un bien pertrechado ejercicio que concilia cierta reivindicación feminista, o más bien femenina, -los integrantes del grupo son a día de hoy diez mujeres contra un sólo hombre- con un planteamiento lúdico y desenfadado que busca ante todo la sorpresa del viandante. Al principio, las tejedoras fantasma salían algunas noches con el rostro cubierto con máscaras de lucha mexicana o burkas y adornaban con sus prendas antenas de coche, farolas, señales, troncos de árboles o pasamanos que elegían furtivamente de entre el mobiliario urbano.

De las prendas colgaban tarjetas con la leyenda “I love Knitta”, así se atribuían el crimen. Con el tiempo, su tarea amplió fronteras. Ahora es posible encontrar sus bonitas piezas en las calles de Nueva York y hasta en ciudades europeas. La paradoja de su propuesta reside en su dualidad; el graffiti, entendido habitualmente como algo subversivo y mal visto, se reviste de color y candidez en sus creaciones, así se convierte en algo aceptable, agradable y suave. Se trata de una nueva forma de graffiti acariciable, incluso abrazable, que a nadie podría disgustar. Al mismo tiempo, los integrantes de Knitta, Please se identifican con la escuela del Do it yourself: “Queremos animar a la gente a que saque sus confecciones a la calle. Es algo comúnmente aceptado que alguien que teje prendas de lana no participa habitualmente en actividades relacionadas con el graffiti. Queremos cuestionar la idiosincrasia del graffiti: ¿Puede un acto vandálico convertirse en algo cálido, suave y bonito a la vista?”.


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Por Ana S. Pareja
Foto:
Revista 72 (15/03/2007 a 15/04/2007)


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