Una nutrida colección de discos, una fascinación por la música y un deseo feroz de acabar con la pobreza de la información musical en los 70, sirvieron para que se iniciase en la crítica musical. En estos años ha cambiado las líneas de su profesión a través de innumerables colaboraciones en prensa, televisión, libros y su programa en Radio 3, El Ambigú. Diego A. Manrique escucha música y la critica para abrirnos los oídos.
¿Cómo empezaste en el periodismo musical?
Empecé en el periodismo musical viendo la pobreza de lo que se hacía no sólo como crítica musical sino como información musical en el país a principios de los años 70. Recuerdo que había una revista que era la principal revista cultural y de izquierdas de aquel tiempo que se llamaba Triunfo, una revista que la cerraban cada poco tiempo y que le ponían unos multazos tremendos. Allí empezaron a aparecer una serie de artículos sobre música rock hechos por las figuras de la Gost TV de Barcelona, los Vázquez Montalbán, Luis Racionero y todos estos, se habían ido organizados por la discoteca Bocaccio a conocer el hippismo de California, escribieron a la vuelta unos artículos sobre el rock que eran penosos, entonces mandé una carta siendo un adolescente estudiante, mandé una carta diciendo que eso no tenía pase, que eso no se podía permitir y de la revista Triunfo me dijeron “si usted piensa que puede hacerlo mejor, mándenos una artículo” y así se hizo. En aquel tiempo ocurrían ese tipo de cosas, ahora me imagino que puedes mandar todas las cartas que quieras a cualquier medio y te aseguro que no harán ningún caso. Y así empecé.
La vocación era como oyente de música
Sí, tenía gran información y gran cantidad de música. En aquel tiempo los discos tampoco llegaban a España, había que comprarlos; hacíamos expediciones a Bayona, a Andorra, posteriormente Londres y Nueva York, a comprar discos. Digamos que gracias a eso tenía una información, un material más rico de lo que era habitual en aquellos tiempos que muchos de los artistas ahora celebradísimos, esenciales de una época como los Birds, de los Birds en España no salió ni un solo LP en los años 60, es decir, costaba muchísimo no solo conseguir información sino conseguir la propia materia de los discos; no existía Internet ni nada parecido.
¿Esa búsqueda se ha terminado? ¿ahora los periodistas esperan a que les llegue la música desde las discográficas?
Supongo que es una combinación de los dos fenómenos. El problema de Internet es que mucha gente cuando busca, lo que al final asume son también, digamos que son opiniones, es decir, están un poco marcados por una serie de tópicos que circulan por Internet y es peligroso. Yo hace poco lo estaba pensando, leyendo algunos artículos y eran leche ordenada de Internet, es decir, que en muchos casos el periodista no había ni escuchado el disco en cuestión, y era mucha información sobre determinados artistas pero veías que las montañitas del fondo no estaban, eran virtuales. Creo que es un peligro trabajar con Internet, es indispensable obviamente pero es un peligro.
¿En periodismo musical donde está el límite entre la publicidad y la información? Porque al hablar de un artista o de su disco o de su concierto, también estás ayudando a la promoción
Sí, pero eso es inevitable, de la misma forma que cuando vas a un mercado y dices “quiero los chorizos de tal marca” lo estás diciendo en voz alta y estás haciendo publicidad ante la gente que está a tu lado. No hay que obsesionarse mucho con eso, luego es tu capacidad crítica y tu sentido estético; si realmente lo que te gusta son los artistas que venden diez millones de discos, pues estás siendo fiel si habla de eso. Yo conocí a mucha gente que realmente lo que le gustaba eran los triunfadores, por ejemplo Joaquín Luqui empezaba a temblar cuando se encontraba con Depeche Mode y yo no me creo que Joaquín Luqui defendiera a Depeche Mode pero se ponía muy nervioso cuando estaba con ellos. Esto es una cuestión de la honestidad que tengas y de la capacidad que tenga de comprometerte con la música.