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Domingo Sánchez Blanco

Domingo Sánchez Blanco

Elogio del vino

"El vino me dio la posibilidad de abrir la puerta de la casa de Klossowski”

Realiza hasta un contrato. Cuando llega, Klossowski está ingresado en el hospital, enfermo (morirá meses más tarde) y Sánchez Blanco, que llega con una botella de vino, no se atreve a proponerle el proyecto a su mujer, Denise. No se atreve en ese momento: en 2005 las cenizas de Klossowski son enterradas en Morille, un pueblo de Salamanca. Denise se las ha confiado a Domingo para su proyecto de Museo-mausoleo del arte: un cementerio. Ahora Sánchez Blanco edita una botella de vino limitada y firmada: una “pieza bebible” rematada por un estilita taconeador que cierra el ciclo. Artista desacralizador y sarcástico, a veces brutalista, Domingo Sánchez Blanco practica casi todas las disciplinas artísticas desde sus variadas personalidades (tiene unas cuantas: Cagon and Crista, los Rodroc...). Ha realizado performances en maratón, obligado a un crítico a dar una conferencia junto a un tigre vivo, se ha subido a un ring de boxeo o ha realizado un convite invitando a 400 personas para una mesa de diez. Digamos que realiza siempre lo que le viene a la cabeza. Sin cortarse, con toda su fuerza visceral.

El fracaso de su encuentro con Klossowski ha propiciado una ingente cantidad de gloriosos triunfos. Fue un encuentro inesperado y buscado con la fogosidad de un joven de dieciséis años; directo y contundente. ¿Por qué cojones un fracaso? En mi vida todos los fracasos los clavo con alfileres en tablitas de corcho. Yo besé a su mujer y la rodeé con mis brazos. 

¿Qué piensa usted de la suerte? La suerte es robusta y rechoncha. Yo cumplo 51 años, ahora en octubre, gracias. 

¿Ha vislumbrado, en futurible, lo que hubiera sido ese otro proyecto? Hablé con él muchas veces. Todavía me retumban los oídos. Me dijo: “Dobla el Cabo y llega a la senda. Cerca de los setos, bájate los pantalones y enseña tus partes al grillo, a la langosta verde y, en fin, a una multitud de pobladores. Porque la vida humana se agota”. Mi proyecto lo enterré en Morille, en un cementerio de cuarenta y cinco mil metros cuadrados. Los encargos en el testamento se hacen para cumplirlos.

¿Qué sentido añadido tiene que Pierre Klossowski esté enterrado en Morille?La extrema penuria de la historia ha dejado a muchos -pequeños y grandes-fuera de su lugar: donde ellos no eligieron jamás estar enterrados. Hemos creado un lugar para las almas y las obras que están desubicadas en el mundo.

Usted ¿Es más fan del Klossowski teórico, del dibujante, del pornógrafo, del novelista, del cineasta? No soy fan en absoluto de Klossowski. Creo que todo viaje se hace por morbo, curiosidad y por tocar algo inaccesible. Me di cuenta que todo su trabajo era de una dureza brillante, un carbón al rojo vivo y me identifiqué con él como mirón; el que mira detrás de la cortina, el que se empalma en secreto.

El vino abre y cierra su proyecto. ¿Por qué? El vino me dio la posibilidad de abrir la puerta de su casa y el vino deja abierta la tumba para que crezca la cepa.

Es usted un artista de la acción, del vínculo y de lo grotesco. ¿Qué pasaba, se le daba mal el dibujo o la escultura? Posiblemente en este pasaje le mandaré a tomar por culo porque usted sabe que tengo muy buena mano como artista y que la utilizo cuando me da la gana. (Efectivamente, Sánchez Blanco ha llegado incluso a grabar en relieve dos boxeadores en un ring sobre un hueso de pit-bull).

¿Qué piensa de estas dos palabras: “delirio” y “sarcasmo”? Palabras antiguas como hipócrita o blasfemo y que de vez en cuando las oyes y te da punto para ir a la enciclopedia, a consultar si su significado es el de siempre.

¿Y el estilita taconeador, la figura que preside su botella de vino? “Plutón somos todos” Estilitas, posiblemente, también; los materiales, como el hombre estamos ahí para ser tocados y anulados.

Taconeando, ha abierto una puerta hacia el flamenco. De la pornografía al boxeo pasando por la teoría estética y la imaginería. ¿Qué demonios pasa por su cabeza? Menos el suicidio, de todo. Y espero que no me llame ponerme al tren, a la pistola o a criar mantis religiosas para ver cómo el macho se suicida dejándose comer por amor, como mi buen amigo Víctor Mira.

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Por Guillermo espinosa
Foto:
Revista 66 (15/08/2006 a 15/09/2006)


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