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El combate del tigre loco
El gimnasio apesta a sudor y bofetadas
Hasta 1937 no volvería a haber un campeón negro: Joe Luis
Hasta 1937 no volvería a haber un campeón negro: Joe Luis. Y eso sería mucho después de que Jonson, a su vuelta, pagase con dos años sus amores con Lucille Cameron, la rubia de las pieles.
El de Aragón le propone cruzar los guantes. El americano acepta encogiéndose de hombros. Mientras se los calza, aquel le pregunta por su pelea en Barcelona con el poeta Arthur Cravan.
Jack sólo muestra desdén en su mirada.
—Dicen que aguantó hasta el quinto asalto—comenta el aragonés mientras salvan las cuerdas.
—Qué va, lo tumbó en el primero—explica un utillero del local sin que nadie le haya preguntado—.Ese Cravan es sólo un charlatán y un borracho.Jack no habla, nada parece interesarlo, está como adormecido. Quizá piense en su título perdido y en que le gustaría regresar a Norteamérica. Salta un poco mientras el otro baila a su alrededor lanzando los puños en un uno-dos rígido y académico.
—That guy was crazy—dice de pronto Jack.
Desde el centro de la lona, el ex campeón deja ir su puño derecho, como quien suelta una paloma. El guante se estrella con la violencia de un ariete en la sien de Luis Buñuel, derribándolo como un saco de garbanzos.
—Crazy like you.
Desde el suelo, Buñuel, aturdido, casi sin conocimiento, agradece sinceramente a Jack que no lo haya matado.
—Eso mismo dijo Cravan—añade el utillero mientras barre el piso y observa de reojo las piernas de Lucille.
Por Miquel Silvestre
Foto:
Revista 56 (15/09/2005 a 15/10/2005)
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