El remanente
Historia de un padre, su remanente y la abuela
La abuela tiene que marcharse de casa
Para el hombre animoso mantener mes a mes el remanente, hacerlo crecer si acaso un poco, es tan gozoso como ver aprender idiomas a los hijos, o regar los árboles frutales. Y le permite, además, olvidar a la mujer que un día lo abandonó, es decir, nuestra madre, y pensar que si un día es necesario, ahí esta, para lo que haga falta, el remanente.
Hoy el hombre animoso ha tomado una decisión importante. Ha reunido alrededor de la mesa del comedor a sus cinco hijos, y les ha dicho lo que no esperaban. Que la abuela tiene que marcharse de casa.
- He hecho las cuentas, no queda dinero, y vuestra abuela tiene que irse -les ha dicho, y después, casi sin dejarles respirar- Salvo que queráis, hijos, que tiremos del remanente -les ha dicho- y entonces, claro, hasta que se acabe.
Los cinco hijos han mirado en silencio a su padre, porque saben que el hombre animoso no le tiene ojeriza a esta anciana. Aun así no entienden lo del remanente. Para estos hijos, esta abuela es como una madre en la tierra. Y aunque es verdad que nuestra madre abandonó hace tiempo al hombre animoso que fue nuestro padre, esa misma mujer nos legó a sus hijos esta abuela elegante y silenciosa, que vivió en otro tiempo y aún nos educa. Los cinco hijos, en fin, no pueden entender lo del remanente. Por eso perciben mejor la elegancia suave de la abuela, esa forma inocua de estar siempre ahí, llena de pañuelos bordados y platos de postre para la fruta, y que tanto nos recuerda a nuestra madre.
Por eso nada más escuchar al hombre animoso, los cinco hijos se levantan como un sólo huérfano, se abrazan a la abuela, y juntos como una granada apretada, le dicen que no puede ser lo del remanente. Que porqué les cuenta eso, si son sólo unos niños, y también algunas cosas de cuando mamá vivía con ellos.
-Esta abuela es como nuestra madre -le decimos quitándonos casi la palabra.El hombre animoso no tiene nada en contra de esta abuela, ya lo hemos dicho, pero es lo que le queda de su mujer, o sea, de nuestra madre. Y como el hombre animoso no se acuerda ya del tiempo que vivió antes de casarse, como no le queda nada de entonces, abre solitario la caja de caudales y contempla el remanente, y cuenta una vez más el dinero, y repasa los montones.
-Pues si vuestra abuela no se marcha, yo también os dejo y me lo llevo todo - les dice a sus cinco hijos.
Y ellos saben que el hombre animoso no va en contra de esta abuela. Saben que es sólo una manera de llamar la atención, su manera de decirles que aún está ahí, molesto, ampliando con esfuerzo el remanente. Porque esta abuela siempre nos ha querido mucho, y hace comidas ricas, y lleva la familia, padre, casi como nuestra madre.
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Por Victor García Antón
Foto: Pilar Jiménez
Revista 44 (15/05/2004 a 15/06/2004)
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