Eloy Fernández Porta (Barcelona, 1974) es escritor, crítico y profesor de Humanidades en la Universitat Pompeu Fabra. Ha publicado dos libros de relatos: Los minutos de la basura y Caras B. En su libro de ensayos Afterpop. La literatura de la implosión miediática (Berenice), ahonda en la preocupación sobre una nueva concepción de la lectura, la escritura y la crítica literaria.
Frente a la obligada pregunta sobre la salud de la crítica en nuestro país, Fernández Porta, lejos de engalanarse del consabido victimismo de siempre, ofrece alternativas concretas. “Lo malo lo conocemos todos: basta con esta frase, y no merece más. Por una vez -y sin que sirva de precedente-, hablemos de la crítica en positivo. El discurso sobre literatura contemporánea, tal como yo lo imagino, es el que afronta la actualidad desde una perspectiva analítica, transversal, cool y anti-cool. El análisis incluye el examen detenido de las obras, y no debe excluir el humor: buena parte de los libros que se publican mercecen -más que una reseña ceñuda o enconada- una parodia. La transversalidad es la disposición para vincular un texto con otras manifestaciones culturales, sean artísticas, audiovisuales o discursivas, para sacarlo fuera de sí, evitando una lectura restrictivamente literata.” Para el autor, esta nueva forma de crítica debe travestirse y adoptar modos más dinámicos.
“Creo que el crítico debe asumir los recursos y el estilo del coolhunter. El coolhunter bien entendido no es un veleta ni se dedica a ensalzar al autor más joven de una gran editorial. Muy al contrario: es el que identifica y elabora las corrientes de novedad que los jefes de prensa de esos grandes grupos no pueden asumir, o sospechar siquiera. El personaje que mejor representa esta actitud se encuentra en la novela de William Gibson Mundo espejo: se trata de una cazadora de tendencias que padece de fobia a las marcas registradas.
¿Cuál es el equivalente de esas brand names en el mercado literario? ¿Cómo determinan nuestros modos de lectura? Estas preguntas son el gesto crítico original”. Y si el deporte de la crítica debe ajustarse a los nuevos parámetros que la nueva narrativa exije, también los soportes donde ejercerla cambian. “La alternativa literaria encuentra su expresión en espacios alternativos que incluyen las antologías propiamente críticas, los blogs monográficos sobre literatura -como el de Vicente Luis Mora-, las revistas electrónicas y los comentarios sobre libros escritos por críticos culturales como Ivan de la Nuez, Antonio Trashorras o Jordi Costa.”
¿Y los suplementos? “Sucede que, en términos económicos y sociológicos, el que escribe sobre libros en un blog o en una editorial indie tiene más en común con un crítico de Rockdelux o de Exit Express que con un crítico literario de suplemento. Al bloguero le interesa localizar la novedad, situarla en el mapa estético de su época y relacionarla con una escena determinada, aunque el mercado no la haya reconocido. Nada me alegraría más que descubrir que los suplementos también pueden hacer tal cosa.”