Comienzo la búsqueda de uno de los autores más fantasmagóricos que ha dado la actualidad cultural. Se le considera como uno de los escritores fundamentales vivo pero de desconoce su rostro actual. Nunca ha concedido una entrevista y se cuenta que ni siquiera sus editores han visto su cara.
Thomas Pynchon; ¿un espectro, un rara avis, el escritor más culto, influyente y talentoso desde que publicara El arco iris de la gravedad, o no es más que una ingeniosa estrategia de marketing?
Mi investigación inicial arrojó datos llenos de enigmas y secretas ocultaciones. Una curiosa desaparición del que averiguo fue un brillante expediente académico, su documentación durante el servicio militar quemada ó su apellido cercenado en los registros de la empresa de aviación donde trabajó, no hacían más que acrecentar su misterio y también mi curiosidad.
Parto hacia Brooklyn donde puedo cruzarme con él en un café, comprando el periódico o un libro en Avery Book Stores y tal vez intercambiar unas palabras, aunque muy difícilmente entablar una conversación siendo un despreciable periodista.
Repasamos los datos. Estudió ingeniería, fue alumno de Nabokov y vive en su Long Island natal, en donde se apareció un 8 de mayo de 1937. Busco a un espectro de unos 70 años del que sólo se conoce alguna foto de mediados de los 50 y que llevo conmigo. Debe seguir siendo feo y extravagante. Como todos los fantasmas, lógico, rehuye de la vida pública y padece de un patológico anhelo de incógnito que le produce horror a la fotografía y a aparecer en los medios. Y por último es un personaje recurrente en los Simpson. Poca cosa, para una misión que se me antoja imposible.
Hace muchos años llegué a pensar que Pynchon podría ser el mismo J.D. Salinger que se habría “hecho el muerto”. Especulación que el mismo Pynchon tuvo que desmentir. Y es que el espectro de Salinger y el de Cormac McCarthy se me aparecieron más de una vez por confusión en la ouija y fueron para mi investigación importantes patrones a la hora de acceder a la esencia de Pynchon.
Salinger fue también un recluso, apartado del mundo exterior, a fin de proteger su privacidad. “Los sentimientos de anonimato y oscuridad de un escritor constituyen la segunda propiedad más valiosa que le es concedida”, dijo Salinger. Pero su intento fue mucho más baldío e ineficaz que el de nuestro protagonista. Tiene que demandar al escritor Ian Hamilton ante una biografía que incluye cartas de Salinger a amigos. Su hija publicó El guardián de los sueños donde afirma, entre otras lindezas, que su padre bebía orina y sufría glosolalia, enfermedad que consiste en inventar palabras.
En 2002, se publicaron más de ochenta cartas a Salinger de escritores, críticos y admiradores en Letters to J.D Salinger. Demasiado para un fantasma que se precie. McCarthy, compatriota en el mismo limbo, igualmente siente un rechazo obsesivo a hablar de su vida, su obra y de cualquier cosa que tenga que ver con la literatura. Tan sólo ha concedido una sola entrevista en toda su vida. No importa el dinero que le ofrezcan. Casi en la indigencia le han ofrecido 2.000 dólares por hablar de sus libros, a lo que se negó pues lo que único que tenía que decir ya estaba escrito en ellos.
El hombre famoso tiene la amargura de llevar el pecho frío y traspasado por linternas sordas que dirigen sobre ellos otros. Palabras de Lorca que recuerdo aquí perdido en el frío de New York, buscando a Pynchon por encargo, en busca de la fama de ser el único periodista en todo el mundo en entrevistar a un fantasma llamado Pynchon.
Cae la noche en Manhattan. Paso por la puerta del mítico The Mercury Lounge. Hoy tocan The Residents. Hasta la fecha, y desde su fundación como banda en 1972, sus miembros no han revelado sus verdaderas identidades, no otorgan entrevistas y sus apariciones en público se realizan con máscaras. Un concierto muy apropiado, pienso yo.
En un mundo donde la prostitución artística es un pago inevitable unido a la obra, los hay que como fantasmas se esconden del mundo, aunque todo el mundo quiera saber de ellos.